4 octubre, 2022

Primicias de la política, empresariales y de la farandula

Volver la cara al enemigo  

Carlos Alberto Ospina

Por Carlos Alberto Ospina M. 

Cada cual es dueño de su dolor y pone énfasis a lo que le aflige sin considerar que otros sufren en demasía. Al parecer, se vuelve un lugar común intentar contrarrestar la apatía de las personas que conceden más importancia al fallecimiento de un artista acreditado como el ´Rey del despecho’ que, a la desdicha social y familiar, representada en los asesinatos de una treintena de policías y 25 militares en 2022. ¡Toda muerte es lamentable!; sin embargo, cuando es producto de un evento inesperado o del plan macabro de un grupo delincuencial, el sentimiento de impotencia invade a los allegados. El desamparo y la rabia frente a tanta indolencia deja a los deudos con las manos cruzadas. 

Los crímenes perpetrados por el Clan de Golfo al mejor estilo del sanguinario narcotraficante, Pablo Escobar, poseen el tufo de aquellos que buscan arrodillar a la justicia y al Estado a punta de plomo. La promesa de perdón social, “el nuevo enfoque del narcotráfico” (Sic) y la figura jurídica del sometimiento, conllevan expresiones de violencia desmedida contra el cuerpo de agentes.  

El exguerrillero elegido presidente de Colombia, el grupo de palaciegos y el nombrado ministro de Defensa, durante décadas han manifestado su desprecio hacia los uniformados. Petro, los detesta y celebrar los actos que echan abajo la dignidad o menoscaban la institución civil. Gustavo Bolívar, les endilga las sórdidas fantasías de sus repetidos y estereotipados libretos e, Iván Velásquez Gómez, designado jefe de la mencionada cartera de Defensa, concibe la violación de los derechos humanos de forma unilateral; así que las condenas y las sanciones están dirigidas a un solo actor de la guerra, lo que contradice el sentido de armonía entre las cosas diversas. El exmagistrado Velásquez Gómez siente tirria por el verde aceituna, aunque la dotación de sus cercanos subordinados transmute a color azul oscuro, seguirá profesando inquina alrededor de ellos. 

Nadie puede negar que al interior de la Policía Nacional han existido y viven manzanas podridas que condicionan la legitimidad, la relación con la comunidad y la reputación de este cuerpo civil. En varias poblaciones lejanas, la gente percibe que distintos miembros de la policía juegan a dos bandas y se lucran del tráfico de estupefacientes. Unos cuantos cohabitaron y han simpatizado con diferentes organizaciones al margen de la ley u omitieron el cumplimiento de las disposiciones legales, saliéndose deshonrosamente de la línea constitucional. Es menester arrancar de raíz esa mala hierba, adelantar el debido proceso e imponer castigos ejemplarizantes que, sirvan de escarnio, a esos sujetos dobles sin Dios ni código moral.  

El adoctrinamiento ideológico de la izquierda contempla la firme campaña de desprestigio de las instituciones hasta el punto de posicionar en el imaginario de muchos individuos que, el enemigo número uno de la sociedad civil y el Estado de derecho, es la fuerza pública. Por eso, el naciente gobierno de Gustavo Petro tiene alineado al ‘consistorio divino’, léase partidos aliados del llamado Pacto Histórico, con el fin de reformar esa entidad a cualquier precio sin importar la seguridad de los ciudadanos ni el orden público. 

En la actualidad la Policía afronta la arremetida de los bandidos del Clan del Golfo, a la vez que se prepara para recibir el conjunto de normas legislativas, a semejanza de ráfagas y de atentados terroristas, con el objeto de lograr su aniquilación orgánica.  

Les tocó a los policías volver la cara a los múltiples enemigos sin causar compasión alguna. A los uniformados de la patria, la muchedumbre desagradecida les da con vaina y todo, siendo carne de cañón.