28 julio, 2021

Primicias de la política, empresariales y de la farandula

Protesta social sí; protesta pacífica sí; terrorismo no.

Por Balmore González Mira

Colombia vive horas de terror desde la desordenada protesta que inició el 28 de abril y que como una tormenta nunca se supo cuándo acabará.  

Si bien es cierto que el gobierno nacional les dio la excusa perfecta a quienes convocaron a unas marchas sin control, con una reforma tributaria insensata, inoportuna, injusta e inconveniente, quienes convocaron en este momento de pico de pandemia a unas marchas multitudinarias, son más insensatos, injustos e inoportunos que el mismo Ministro de hacienda,  por el momento vivido por cuenta del covid-19.  

La politiquería no puede estar por encima de la salud pública, la politiquería no puede estar por encima de la vida de quienes dicen pedir justicia,  por encima de lo que en tanto tiempo se ha construido, para que en unas pocas horas sea destruido por vándalos con ínfulas de libertarios, que sólo los convierte en terroristas, saqueadores y delincuentes.  

Desde la libertad de expresión que siempre hemos defendido, defendemos desde esta misma orilla la protesta ciudadana, la protesta social, la protesta pacífica, condenamos como los que más los actos de vandalismo y la destrucción de la economía y del país.  

Los promotores legales del paro tienen que parar, los ilegítimos para nosotros no existen, esos son delincuentes escondidos, encapuchados y desalmados que arrasan con la dignidad del pueblo, bajo las banderas del terrorismo, donde se pierden la razón y el corazón.  

Hemos visto con mucha alegría cuando la gente sale a reclamar justicia, salud, educación y mejores condiciones de infraestructura y calidad de vida en términos civilizados; y hemos padecido a los vándalos cuando salen a destruir los centros educativos, a los defensores del pueblo y a la infraestructura construida por muchos años, desmejorando aún más la calidad de vida de los reclamantes. Cuando atacan la misión médica e intentan humillar a la fuerza pública.  

Hemos visto como el gremio de la educación se niega a reactivar clases en alternancia por miedo a contagios, pero clama a gritos que salgan a la calle con todo el riesgo de contagiarse. Hemos visto como los profesionales de la salud suplican que no haya aglomeraciones y marchas, pero su gremio sindical convoca a marchas permanentes sin importar el contagio.  

Hemos visto como unos de manera sensata llaman a la unidad y al orden y otros desde la otra orilla ideológica y oportunista disfrutan la destrucción del país que algún día aspiran a gobernar.  

Defendemos, promovemos y aplaudimos la protesta civilizada y condenamos las vías de hecho, los actos violentos y vandálicos, los mismos que se convierten en terrorismo. Invitamos al respeto de los derechos de todos y no de unos pocos; decimos no a la destrucción y sí al orden y desde aquí nuestra voz de aliento a la fuerza pública, nuestro respaldo absoluto a las fuerzas armadas constitucional e institucionalmente constituidas para que mantengan la calma, la soberanía y cumplan siempre su juramento de defender la vida, honra y bienes de todos los ciudadanos, estamos con ustedes cómo está la mayoría de las personas de bien de este país. Los campesinos que producen, los enfermos que van en ambulancias, los servidores públicos, los transportadores, los pequeños comerciantes, las familias de los militares también tienen derechos y cuando se los están violando también tienen quien los defienda.