12 Julio, 2020

Primicias de la política, empresariales y de la farándula

Crónica # 72 del enchuspado maestro Gardeazábal: Una burrada

@eljodario

Parecería que la peste del corona virus 19 le borra a muchos colombianos importantes las neuronas  que controlan o excitan la lógica y los  lleva, sin vergüenza alguna, a cometer tamañas burradas.

Esta semana hubo un ejemplo protuberante, pivoteado en los cenáculos del arribismo que llegó al poder bogotano sin haberse cocinado debidamente.

Los protagonistas, quién pudiera creerlo, fueron al unísono la Ministra de Cultura, oriunda del puerto de Buenaventura, y el señor Carrillo quien además de Procurador ejerce de monaguillo de toda boda.

Ambos, ciudadanos colombianos en ejercicio, y con responsabilidades públicas de todos conocidas, parece que no se han enterado que la peste del corona virus está atacando con saña a nuestra amada Cartagena.

Sin consideración alguna con el momento. Obcecados por aparecer como los verdaderos dueños del poder que consiguieron en las playas de Coveñas o en La Catedral y que en vez de sojuzgarlos los ha catapultado a la primera fila de la nombradía y quizás hasta las puertas de la esperanza de ser candidatos presidenciales ambos, olvidaron la tragedia que en mayor o menor grado se vive en la ciudad amurallada para subirse al podio.

En ningún momento parecería que el uno y la otra se informaron sobre la gravedad de la situación. La una por andar en clases intensivas de cultura, el otro por andar autopogramándose para salir en primera página. Para ninguno de los dos es motivo de alarma, y mucho menos de búsqueda obligada de soluciones para una ciudad como Cartagena, cargada de significado histórico y político, de falta hiriente de un sistema hospitalario eficiente y de unas redes de salubridad pública adecuadas.

Van más de 130 muertos en el corralito de piedra y hay un porcentaje muy alto de examinados que resultaron positivos. Pero, como siempre, no hay plata ni para adquirir test ni para adecuar Ucis o para siquiera dotar de camas hospitalarias a una ciudad amenazada como ninguna otra por la pandemia.

Acostumbrados el uno y la otra, como muchos colombianos, a decir que allá en Cartagena lo que no se va para el bolsillo de los de siempre, se pierde en el alcantarillado submarino que evacúa las aguas negras de la ciudad, prefirieron surgir como los gestores del orden así se gasten o se malbaraten los miles de millones pagados de buena fe por los propietarios de un crecido número de apartamentos

Para el señor Carrillo y la ministra de Cultura lo importante era, en plena dolorosa situación, exigir que en menos días de lo que dura una cuarentena se destruya, a un gran costo, y delante de todo el país, el edificio Aquarela, que no se va a caer como los de los Quiroz que se quedaron sin sancionar sino que las tantas o diversas cantidades de alcaldes lo dejaron levantar donde Blas de Lezo no puede mirar por el ojo bueno.

No importan ni lo muertos ni los apestados de Cartagena ni mucho menos los damnificados clase  media que perderán su inversión.

No importa que con esa plata se pueda ayudar a aminorar la crisis de salud, importa el bombo de tumbar en plena pandemia ese edificio recién hecho.

Escuche al maestro Gustavo Alvarez Gardeazábal

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