20 septiembre, 2021

Primicias de la política, empresariales y de la farandula

Crónica # 37 del maestro Gardeazabal: La república indígena

@eljodario 

Cuando uno termina de leer la extensa y muy detallada sentencia que ha emitido la Jurisdicción Especial Indígena, “debidamente facultada por la Minga Nacional Pluriétnica e Intercultural en su calidad de constituyente primario para adelantar el juicio y emitir sanción respectiva frente al incumplimiento del deber constitucional del Jefe del Estado” ,uno no sabe si es hora de despertar en la realidad o de asentar históricamente el 19 de octubre del 2020 como el día que Colombia comenzó a desmoronarse.  

El documento, que no ha sido hasta ahora ni promovido ni analizado públicamente por quienes dicen gobernarnos, puede ser usado como cabeza de proceso para adelantar una implacable persecución racista latente en las mentes de muchos colombianos cansados de hacer concesiones a los indígenas o como bandera también para que reviva el espíritu de Quintin Lame y se desate una estúpida guerra civil en donde las fuerzas paralelas armadas del narcotráfico y la guerrilla terminen por respaldar la deserción de miles de soldados y policías con ancestros indígenas. 

Ni una cosa ni la otra le conviene a un país que no ha podido salir de la pandemia y no sabe cómo sobreaguar a sus nocivos efectos económicos. Pero como tampoco tenemos líderes políticos o empresariales que asuman las banderas de unas conversaciones y tanto los indígenas o el gobierno de Bogotá prefieren o amenazar con el diálogo o negarse a él, la solución no parece vislumbrarse y más temprano que tarde pareceríamos condenados a un enfrentamiento dañino. 

La incapacidad de los gobernantes de Bogotá de entender que los privilegios con que la Constitución ha dotado a los indígenas terminaron por convertirlos en una república independiente, liberada de deberes y sobrecargada de derechos, ha llevado a volver sordos a unos y otros. Pero con un agravante, que los ocupantes de la Casa de Nariño y el Capitolio piensan y actúan como sus antepasados blancos que colonizaron la vega del rio Porce hace 250 años y los indígenas lo hacen como si el país pudiera retroceder a los días anteriores a la llegada de Belalcázar y su horda de saqueadores de oro, disfrazados de conquistadores. 

No sigamos haciendo eco a los intonsos. Estamos en el 2020 y hasta la realidad cambió, ahora es virtual y en ella no caben ni la arrogancia del poder ni la ilusión de retroceder en el tiempo.

Escuche al maestro Gustavo Alvarez Gardeazábal.