20 junio, 2021

Primicias de la política, empresariales y de la farandula

Crónica # 193 del maestro Gardeazábal: La tributaria de los mil pesos

@eljodario 

Alguna vez dijo Dalí que la única diferencia entre un loco y él era que el loco creía que no estaba demente mientras él sí sabía que lo estaba. Recordando bien esa frase y abusando de la imaginación para ayudar a salir del pantano a las vacas sagradas que nos gobiernan, le he pedido a algunos amigos, de pronto más locos que yo, que me hicieran las cuentas de cómo podría conseguirse la plata que decía el ministro Carrasquilla que necesitaba y, cómo repite el nuevo ministro, que todavía necesitan.  

Tratando de evitar la tentación de caer en los traspiés sucesivos en que se cayó anunciando e implantando con metodologías comunicativas equivocadas y procedimientos antipolíticos el fracasado proyecto, se me ocurrió que valdría la pena pensar en voz alta presentando una minireforma tributaria que bien podría bautizarse como LA TRIBUTARIA DE LOS MIL PESOS. 

Ella consistiría en cobrarle mil pesos a cada litro de cerveza que se fabrique y ponga en venta, mil pesos a cada bulto de cemento, mil pesos a cada litro de gaseosa, mil pesos a cada kilo de azúcar y la cereza del pastel, un impuesto de 10 % de las ganancias del sistema financiero.  

De acuerdo a los datos conseguidos de consumo y a las liquidaciones que esos acuciosos amigos que me acompañan hicieron, (lo que no quiere decir que ellos están tan locos como yo), el estado podría recaudar en un año 12.2 billones de pesos. Existen, obviamente, las formas y metodologías de distribución equitativa del impuesto en quien compre el cemento en bultos o en concreto. De la misma manera quien consuma gaseosa por botellita o por botellones. Lo cierto es que la reforma de los mil pesitos no toca a quienes han gozado de privilegios impositivos, no va a generar inflación más desmedida que la que generada ya por estos 45 días de paro ni por la falta de producción. Quizás sea un poco injusta en el sentido de que se le cobra al productor y él la trasladará al consumidor final, pero es mucho menos insidiosa que subir el IVA o atacar los salarios de la clase media o romper la alcancía de las ilusiones de quienes se sienten amenazados porque deben presentar declaración de renta cuando no ganan sino escasos dos millones y medio mensuales. (Opinión). 

Escuche al maestro Gustavo Alvarez Gardeazábal.