11 mayo, 2021

Primicias de la política, empresariales y de la farandula

Crónica # 141 del maestro Gardeazábal: Riesgo contra riesgo

@eljodario 

Yo estaba esperanzado en que me iban a escribir o a llamar de la EPS a la que estoy matriculado (SOS) para que fuera a recibir la vacuna contra el covid. 

Había actualizado mis datos hace un par de meses cuando me los pidieron y hasta había puesto las señas del gps de esta finca desde donde hago las crónicas. Esperé en vano, nunca me localizaron. Pero cuando la semana anterior vi por la tv a la gobernadora del Valle indicándonos que los mayores de 75 no necesitábamos esperar que nos citaran las EPS sino que con solo presentar la cédula en uno de los puestos de vacunación, nos inmunizaban sin cita, me decidí y así lo hice. Fui al Hospital Tomás Uribe Uribe de Tuluá, localicé al jefe de comunicaciones de esa hoy gigantesca, moderna y muy bien mantenida institución y como rápidamente llené los requisitos pedidos, recibí la primera dosis de la vacuna china ayer. 

Lo hice porque estoy convencido que al riesgo de infectarse solo lo disminuye el riesgo de vacunarse. De la enfermedad hemos sabido muy poco, porque el misterio la ha rodeado y de la vacuna tampoco porque lo que se sabe lo desvirtúan los negacionistas y los que creen que es un cuento chino para podernos controlar. Pero lo que sí sé, y parecen demostrarlo las estadísticas conocidas, es que si los viejitos como yo apostamos a protegernos, la peste puede no darnos y si nos da, sus efectos serían tan tenues que no ocuparíamos una cama de UCI que otros no vacunados o negados a la mascarilla van a necesitar. 

Entiendo muy bien la resistencia de mis coetáneos a ponerse la vacuna. El hecho de que no exista un medicamento que frene de un tajo el avance de la peste ha aumentado la desconfianza en los médicos. La feroz campaña contra la ivermectina o los cocteles usados en el ancianato San Miguel para salvar a los vejetes, genera más inseguridad y sospechas que garantías de sapiencia. El enigma que ha servido de telón de fondo de esta pandemia, hace el resto. 

Pero si leemos libros como EL JINETE PÁLIDO  de Laura Spinney, en donde escrutan con modernidad lo que se pudo encontrar sobre las incidencias de la Gripa Española vivida hace 100 años y vemos cómo son de parecidos los comportamientos y estupideces de quienes no sobrevivieron y lo aleatorio que resultó sobrevivir, nos daremos cuenta que es mejor correr el riesgo de vacunarse mientras las poderosas y ventajosas farmacéuticas encuentran el medicamento que frene el covid de una y de verdad y repitan la historia de Fleming, el descubridor de la penicilina por los días de la Segunda Guerra Mundial, que paró las bacterias.

 

Escuche al maestro Gustavo Alvarez Gardeazábal.