26 octubre, 2021

Primicias de la política, empresariales y de la farandula

Vistazo a los hechos: ¿Quién puede salvar a Medellín?

Gabriel zapata

Por Gabriel Zapata Correa  

Es la primera vez en la historia de Medellín, que la ciudad se ve enfrentada a diversos problemas que desalientan el espíritu y la garra de los medellinenses, porque ni palpan ni sienten la presencia de un verdadero líder que lleve sus riendas por el camino que es. 

El panorama es desolador. Y me atrevo a decirlo así, porque he asistido a diversas reuniones con dirigentes y diferentes líderes sociales, muchos de ellos de los barrios, quienes tienen una percepción muy negativa del alcalde Daniel Quintero, a quien ayudaron a elegir con su trabajo en comunas y sectores populares. Y no son propiamente personas que estaban esperando una retribución burocrática o económica de alguna clase, sino simplemente que el futuro de la ciudad prometido en la campaña del candidato se viera reflejado en realidades ahora que es alcalde. Sin embargo, la verdad es otra… 

La fractura de la ciudad es evidente. Hay fuerzas sociales y conglomerados económicos que han contribuido al desarrollo de esta capital durante décadas, con frutos claros en materia de salud, educación, infraestructura, que ahora no se ven por lado alguno, porque el alcalde los convertió en sus enemigos irreconciliables, a quienes decidió rotularlos con el calificativo de ladrones y bandidos. 

Hay que aceptar que cada mandatario impone su estilo y manda con la cuadrilla que cree más conveniente para la tarea que se propuso durante la campaña. Pero yo que he vivido la ciudad desde hace décadas, comparto la inconformidad de la inmensa mayoría de la comunidad que está sintiendo día a día cómo se deteriora su calidad de vida. Y vemos lastimosamente cómo se está cumpliendo aquel trino del alcalde Daniel Quintero, apenas unas semanas de haber asumido el cargo más importante de la ciudad: “Medellín ya no les pertenece”. 

La verdad que hemos perdido a Medellín. Esta primera frase del alcalde fue la gota que llenó la copa y puso en pie de lucha a muchas fuerzas políticas, sociales y económicas de esta querida capital, que ya no se resignan a tener un alcalde de lengua suelta, irrespetuoso hasta de los valores más elementales de la vida, ineficiente y defensor de determinados intereses muy oscuros. 

Todos sabemos que, a partir de ese trino, se formaron y se inscribieron cuatro grandes grupos que desde entonces lideran el proyecto de revocar el mandato del alcalde Daniel Quintero, algo que nunca había vivido esta ciudad, desde que se estableció en la ley este mecanismo de participación ciudadana. 

Centenares de miles de ciudadanos se decidieron a enfrentar ese enorme reto, porque se sienten plenamente capaces de conseguir las firmas y sacar los votos para castigar y relevar de su cargo al alcalde Quintero y no permitir que siga haciendo tantos daños que ya se reflejan en determinados sectores de la ciudad. 

Pero hay otro ingrediente que tiene más molesta a la comunidad. El alcalde de Cali, Jorge Iván Ospina, es el peor calificado entre los mandatarios de las ciudades capitales, pero por ineficiente y falta de autoridad. Sin embargo, no ha sido descalificado por su ética y tampoco han puesto en duda su honradez. 

Pero es muy lamentable que el alcalde de Medellín y su administración estén siendo cuestionados por su ética y honradez. La expresión de rechazo casi unánime de los asistentes al Atanasio Girardot es la demostración irrefutable, más sólida que cualquier muestreo de una encuesta, de lo que piensa el pueblo de su mandatario. 

No podría decir el alcalde Daniel Quintero que las decenas de aficionados que lo sometieron a semejante silbatina en el estadio, fueron manipulados por los dirigentes del GEA… Esas son expresiones espontáneas, cuando a la gente se le saltan las reacciones por el malestar que está viviendo a flor de piel. 

Por todo nos parecen graves y por aclarar por parte de la administración municipal, las acusaciones del expresidente Uribe, con nombre propio y detalles, las cuales merecen investigación de oficio por parte de los organismos de control, Fiscalía, Contraloría y Procuraduría.  

Todos estos casos no se pueden quedar en el terreno de la simple disputa política, porque está en juego el presente y el futuro de una ciudad que en manos de pasadas administraciones siempre tenía la garantía y el sello del respeto y la transparencia. 

Por lo pronto, en la corta, mediana y larga distancia, no vemos quién pueda salvar a Medellín…