¿Un nuevo rector en la U de M?

Al oído del presidente de la República

Por José León Jaramillo Jaramillo (foto)

Mañana miércoles seis de noviembre, se reúne la Asamblea General de la Universidad de Medellín, integrada por cien delegatarios ─ conocida como EL GRUPO DE LOS CIEN ─ para llenar algunas vacantes y elegir a la conciliatoria que llevará las riendas de nuestra casa de estudios durante los próximos dos años.

Con un número importante de delegatarios, de los 100 que la conforman, hastiados de lo que viene sucediendo en ella, esperamos lograr varios escaños en la nueva conciliatoria que habrá de elegirse.

Con los consiliarios que habremos de elegir, esperamos rescatar a la Universidad de Medellín de las garras del régimen que la oprime; es decir, de las de la politiquería y del clientelismo, de las mismas que corrompieron y mantienen sumidas en la inmundicia a la ramas del poder público, al Congreso, a la justicia, al ejecutivo, a los órganos de control y a muchas empresas del sector privado, las que les niegan con ellas un futuro mejor a las generaciones por venir; prácticas repugnantes que pisotean la ética y destruyen la república, al establecer diferencias y privilegios ilícitos e injustos entre los colombianos; diferencias y privilegios que rechazamos, pues, como bien lo decía uno mis maestros, Don E. Livardo Ospina, fundador que lo fue de nuestra casa de estudios: “Toda diferencia es odiosa”.

Otros asambleístas acompañaremos a esos conciliarios, para que logren alcanzar, por lo menos, la siguiente meta, para beneficio de la comunidad universitaria y de las clases menos favorecidas, a las que les pertenece el claustro, a saber: Lograr la elección de un rector ajeno a ésta administración, reconocido nacional y ojalá internacionalmente, de altísimas calidades éticas y académicas, para que además de darle lustre a nuestra casa de estudios y a Medellín, vele para que la ética se convierta en uno de los valores por los cuales sean reconocidos en lo porvenir los docentes y los discentes de la UdeM. Un rector que abrace las banderas de los fundadores y defienda su apotegma de Ciencia y Libertad y los fines que aquellos establecieron en su acta fundacional y de los que nos sentimos altamente orgullosos.

Un rector que: a) entienda que la misión de la universidad es formar individuos en los principios liberales, en el respeto, en la libertad, en la igualdad, en la honradez y sobre todo con un recio carácter ético, para que no vacilen en rechazar la corrupción y la injusticia; b) establezca la cátedra de ética, para docentes y discentes y continúe con el buen ejemplo que debe darnos a todos; c) entienda que nuestra facultad de derecho forma jueces y magistrados y que de ellos depende que nuestra sociedad tenga o no justicia y que vele para que, como lo hicieron mis profesores, la facultad de derecho se dedique a formar abogados como Mariela Espinoza Arango, Ana Cecilia Cartagena Hernández y María Elena Díaz Pérez, quienes como otros jóvenes, jueces y magistrados, se convirtieron en mártires de la justicia, porque como bien lo decía Calamandrei, “…en los tiempos de sucia materialidad en que vivimos eligieron la miseria honrada para servir a un ideal de justicia”… sin que les importara enfrentar a la muerte para defender sus principios, la que prefirieron abrazar antes que torcerse. “En esos jóvenes magistrados tenemos puesta nuestra fe”, todos los colombianos; d) garantice que a ningún estudiante o profesor se le exigirá que aporte votos para un directorio o para un candidato, si quiere alcanzar sus metas académicas o profesionales; e) entienda que la justicia y la academia no pueden continuar, en Colombia, al servicio de la politiquería, pues ésta, prostituye tanto a la justicia como a la academia y que, por lo tanto, no permita que en el claustro funcione directorio político alguno; f) entienda que la UdeM no es un centro comercial, sino una casa de estudios y que sus multimillonarios recursos se deben invertir construyendo nuevas aulas, ampliando los cupos universitarios para los más pobres de esta ciudad y construyendo comedores gratuitos para los estudiantes de más escasos recursos, pues, como bien lo decía el Libertador, con hambre nadie puede pensar.

¡Con la ayuda de Dios, la de ustedes, la de la comunidad y la de algunos delegatarios que entren en razón, liberaremos a la universidad y se la devolveremos a las comunidades más pobres, a las que les pertenece!