27 noviembre, 2021

Primicias de la política, empresariales y de la farandula

Tópicos, clichés políticos, étnicos, de género, etc

Dario Ruiz

Por Darío Ruiz Gómez 

“¿Qué piensa usted de la difícil situación del país? La respuesta fue desafiante: “Pueblo unido jamás será vencido” 

¿No podría ser más explícito(a) al respecto? “No, pueblo unido jamás será vencido”. Y pasaron los años mientras en los claustros universitarios esta consigna iba, como las falsas monedas pasando de mano en mano hasta quedar convertida en frase tópica al uso de grupos de primíparos, de desacreditados sindicatos, de ardorosas agrupaciones de los más diversos oficios que al pronunciarlas levantando el brazo con el puño en alto creían sentirse en una barricada. 

Un precario deseo confundido con la realidad. Al día de hoy esos revolucionarios de cafetería universitaria –admirablemente descritos en su farsa por Víctor Bustamante y Juan Diego Mejía- convertidos en viejos(as) aburridos(as), repiten los mismos clichés y se ilusionan de seguir siendo los audaces(as) cuadros de mando de una revolución que solamente en sus cerebros inflamados “no deja de avanzar”. 

Ya sabemos que otro es el negocio de la guerra. Sin embargo, ¿siguen considerando que el terrorismo está justificado? ¿Por qué entonces no lo han condenado? Esta crisis de lenguaje para enfrentar lo que supone el derrumbe de su ideología los tiene desconcertados, aburridos. Permítanme por lo tanto insistir en la sentencia de Ortega y Gasset sobre las Generaciones que llegan a traicionar sus ideales y terminan convertidos en “juguetes rotos”.  Ya que, agrego yo, carecieron del valor moral para aceptar en el momento indicado la falacia de esas consignas que continuaron defendiendo a sabiendas de que ya estaban muertas.  

Quienes sí lo hicieron – los estigmatizados, los considerados como reaccionarios por denunciar a la burocracia comunista- engrandecieron la noción de independencia intelectual. Imaginemos por unos segundos la tristeza que acompañó a Camilo Torres cuando arrastrándose ya hacia la muerte descubrió que sus falsos camaradas eran quienes lo habían engañado. 

Hay hombres y mujeres que en el momento de enfrentar las complejidades de la vida y de la realidad del mundo se colocan un “techo” mental para dispensarse de pensar por sí mismos eludiendo toda responsabilidad moral, el hecho de que el destino de un país nos exige compromisos ineludibles, permitiendo entonces que por ellos estas decisiones  las tome el Partido, la Organización, convirtiéndose  así en una nueva Generación de fanáticos robots que  son movilizados a su antojo por las redes sociales. Con el agravante de que estereotipos, clichés políticos, machacan el cerebro, lo congelan impidiendo que surja la necesaria autocrítica acerca de lo que ha supuesto en Colombia – no dejen de repetirlo en voz alta- el asesinato de 200.00 personas bajo el modelo de la revolución de Octubre, un modelo que desde 1940 ya había demostrado su traición a los ideales del pueblo.  

¿Por qué entonces los estereotipos, los clichés en las marchas del nuevo Paro? Porque los zombies movilizados a distancia sólo tienen como neo lengua este tartamudeo. Es aquí donde no podemos permitirnos ninguna debilidad a la hora de hacer el juicio sobre el significado de estos atropellos a nuestra tradición y que irán cambiando de estrategia. 

En “1984” Orwell  quien había sido un militante comunista durante la Guerra Civil española se da cuenta de la mentira de esta utopía, pero como recuerda Fernando Amador-Savater  no reduce su magistral obra de ficción a la condena de una sociedad totalitaria “sino que nos habla del sentido de la common decency y del sentido del pasado como infraestructura moral para hacer frente, ayer, hoy y mañana a la voluntad de poder”. 

La recuperación de esa decencia propia del ciudadano (a) común mediante la cual se ha defendido   vigorosamente un orden, una seguridad, el legado de los padres de la civilización, se convierte en la defensa de esa memoria de la civilización que hoy pretenden adulterar los victimarios.