Tono continuo: Entre ladrillos y tablones 

Por Carlos Mauricio Jaramillo Galvis (foto)

Lento en mi sombra, la penumbra hueca
exploro con el báculo indeciso,
yo, que me figuraba el Paraíso
bajo la especie de una biblioteca.

Poema de los dones

Jorge Luis Borges

La casa era como si se sumergiera dentro de la tierra. Para llegar a sus distintas habitaciones se descendía por una larga escalera y aparecía, de frente, una gran galería de habitaciones, unos grandes patios (mi memoria me dicta que eran tres), una inmensa sala con unos cuantos muebles, una cocina con ollas ahumadas, un par de baños y lo mejor, una habitación que albergaba una biblioteca armada con ladrillos como columnas y tablones como entrepaños.  

Ese pequeño paraíso albergaba gran diversidad de libros a los que tuve acceso desde corta edad.  Entre los entrepaños me encontré con obras extraordinarias como El día señalado del maestro Manuel Mejía Vallejo a quien conocí saboreándose un ron añejo y lanzando bocanadas de humo de un cigarrillo pielroja; la cursilería paisa hecha obra literaria de la mano de mi tío Darío Ruiz Gómez y que bautizó como Para que no se olvide su nombrey si de poesía se trataba, aparecía el fantasma de Darío Jaramillo Agudelo con sus Poemas de amor.  En resumidas cuentas, esos ladrillos y esos entrepaños terminaron por robarme cientos de horas desempolvando sus libros y fundir en mí una pasión desbordada por las letras, por la lectura. (Lea la columna).