2 Junio, 2020

Primicias de la política, empresariales y de la farándula

La vejez como el virus no discrimina

Por Claudia Posada

La peor medida tomada por el gobierno según  algunos mayores de 70 años, resultó ser el confinamiento obligatorio para los “abuelitos”, siendo esta, precisamente, una estrategia indiscutiblemente efectiva a la hora de contener la expansión del virus; ignorarlo, sin duda es exponerse al contagio del virus que puede estar a la vuelta de la esquina.

Obviamente que el natural deseo de volver a la rutina “antes de” se hace irritable para algunos de los enclaustrados por más tiempo que el resto de la población. También es clarísimo que por la restricción otros grupos de edades (20 a 39 años) presentan el más elevado número de infectados en Colombia.

Particularmente, parece ser que los “viejitos” críticos de la medida son personajes que por sus niveles intelectuales y socio-económicos se consideran subvalorados por los asesores gubernamentales, así que les es difícil reconocer que son decisiones ajustadas al comportamiento histórico de los corona virus y experiencias actuales registradas en países que empezaron antes que nosotros (Latinoamérica) a padecerlo.

Otro grupo reacio a la medida que pretende detener la expansión del Covid-19 son los mayores de 70 años cuya actividad diaria no es “hacer lo que se te antoje” libre y deliciosamente, sino “salir todos los días obligatoriamente” para levantarse el sustento mínimo de un ser humano rodeado de carencias.

Son definitivamente por circunstancias muy distintas, digamos, gracias a su buen vivir o alta  capacidad intelectual para disentir, por lo que los primeros asumen su derecho a la libre expresión (derecho de todos por igual) para manifestar sus descontentos con respecto a la medida.

Ciertamente no quiere decir que este afortunado grupo no deba hacerse oír lo mismo que a pensar que debería analizarse su aspiración de actuar libremente y en concordancia con su voluntad, bajo la individual  responsabilidad para consigo mismo, su familia y la sociedad.

Aquel otro grupo, el  de los infortunados, además de verse ante la urgente necesidad de contrariar la disposición de encierro pues no tienen las cacareadas ayudas que si bien ameritan todo reconocimiento, llegan dos y tres veces por un lado u otro a los mismos registrados, mientras a los más débiles en todo sentido, especialmente para este caso en asuntos de saber acceder a los mecanismos posibilitados para la comunidad vulnerable, pierden las oportunidades que han sido generosas por parte del Estado y de particulares.

El caso del señor que fue arrastrado y golpeado por agentes de la Policía, pone de manifiesto lo sabido pero oculto a la luz pública antes de poder acudir a las redes sociales que, para este tipo de irregularidades, son altamente útiles. Gracias a que el video grabado oportunamente (tan doloroso por lo demás)  llegó hasta Presidencia, se evidenció la mentalidad machista e infamia de algunos miembros de la fuerza pública, quienes, como los hombres que maltratan mujeres, se consideran con derecho a mostrar poder agrediendo, cuando lo que prueban unos y otros, es una profunda confusión  presente cuando falta educación,  inteligencia y cordura, debilidades que traen como consecuencia alteraciones comportamentales y total falta de empatía. No tienen la capacidad de separar el concepto de fuerza bruta, de la noción de poder. Es la cordura lo que la sociedad espera de los representantes del orden y la disciplina social (y hay que reconocer que  ejemplos de éstas los hay valiosísimos);  a la vez que esposas e hijos buscan el carácter firme pero afectuoso  de un  hombre sano mental, física y emocionalmente, del que la familia quiere ejemplo, amor y el sabio comportamiento para orientar el hogar.

Una realidad señalada en declaraciones divulgadas, sustentan la posición de expertos  quienes aseguran que generalmente los hombres al servicio de la fuerza pública cuyas reacciones en ejercicio del servicio institucional son totalmente reprochables, evidencian comportamiento similar en el ámbito intrafamiliar. Algún día los “mero machos” también serán viejitos y no querrán ser del grupo de los débiles.

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