17 enero, 2021

Primicias de la política, empresariales y de la farándula

La sociedad indecente

Por Darío Ruiz Gómez 

Avisahi Margalit es un gran pensador israelí cuya obra “Ética del recuerdo” es una guía para indicar lo que supone el recordar el dolor personal, el dolor inflingido a una comunidad ya que quién recuerda no es una Comisión de la Verdad, por ejemplo sino el directa o la indirectamente ofendidos, las víctimas a las cuales se pretende degradar convirtiéndolas en fantasmas, por negarse a que sus recuerdos puedan ser sustituidos por “el recuerdo colectivo”. Pues bien en un texto sobre lo que califica como las sociedades indecentes nos recuerda lo que supondría la existencia de una sociedad decente que según Margalit “es aquella cuyas instituciones no humillan a las personas sujetas su autoridad y cuyos ciudadanos no se humillan unos a otros”. Lo cual viene a corroborarnos que las sociedades indecentes son aquellas que humillan a las personas y permiten que unas personas humillen a las otras. Darle nombre a un montón de huesos no supone, por ejemplo, rescatar la presencia de una persona sacándola de los NN sino enviarla a la desaparición humillando legalmente a la familia humana, impidiendo que sea mi prójimo y que sobre él o ella, niña o anciana pueda manifestar mi amor como responsabilidad ante la vejación que supone la crueldad de los victimarios. ¿Alguien se atrevería a decir afirmativamente que Colombia es una sociedad decente? O ¿vivimos en una sociedad indecente donde se humilla a las personas negándoles el honor debido al cual tienen derecho como personas?  “El antónimo del olvido, no es el recuerdo sino la justicia”. La extraordinaria serie de t.v “Patria” sobre los asesinatos de ETA para “liberar al pueblo vasco de la opresión española” nos mostró desde el sufrimiento de las personas atrapadas por este conflicto el dolor causado por una infame Causa” al destruir los lazos familiares, la amistad, el concepto de patria y desvelando así la exacta dimensión del terrorismo como indecencia mayor. Rogelio Alonso catedrático español es autor de un texto: “La derrota del vencedor. La política antiterrorista del final de ETA” donde señala que: “La sociedad vasca del pos-terrorismo es una sociedad indecente en la que incluso algunos de quienes reivindican verdad, memoria, dignidad, humillan a las víctimas de ETA”. Lo acabamos de ver con el reconocimiento de Podemos a Bildu y a Otegi un terrorista que no se ha arrepentido de ninguna de sus tropelías.   

Y dice algo que respecto a la “dejación de las armas” en el caso del IRA y de Eta se disfraza bajo las estrategias de un manipulado Acuerdo de Paz: “Abrazan a las víctimas pidiendo perdón, pero sin condenar el terrorismo” cuando lo fundamental es la explícita condena del terrorismo sin la cual no puede pensarse en la pacificación. La humillación que altaneramente impone una “justicia de transición” al no reconocer el derecho de las víctimas en un Acuerdo de Paz lo cual se convierte en una forma de tortura para las familias de las víctimas y constituye, sobre todo, la manifiesta evasión de condenar el terrorismo, única manera de que hacia el futuro no vuelvan a repetirse estos actos de violencia. Una sociedad indecente cuenta con una justicia indecente, con unos medios de comunicación indecentes, con empresarios indecentes. Rogelio Alonso gran conocedor del terrorismo que como lo califica no es una protesta social sino una estrategia criminal nos da luces sobre algo que está presente en nuestro llamado “Post-conflicto”: “La memoria amputada sustituye a la justicia negada para embellecer la impunidad”.