30 enero, 2023

Primicias de la política, empresariales y de la farandula

La inmisericordia en la clase política y en su círculo  

Claudia Posada


Por Claudia Posada 

Ni siquiera las modelos de ropa interior, en el mundo del modelaje hoy -que ya no es como antes- tienen que tener “medidas perfectas”. 

Por estos días, justamente cuando hace poco se celebró el Día Mundial de la  Salud Mental, hubo revuelo en las redes sociales por el “matoneo” del que fuera víctima la enfermera profesional, Milena Lopera, nombrada Secretaria de Salud de Medellín, quien, según cuentan quienes la conocen de antes,  ha sido desde sus cargos anteriores, gran apoyo a los programas de Salud Mental fortalecidos en esta capital con el direccionamiento y presencia activa de profesionales en la materia, para acompañar esta área de la medicina que está llegando a cifras sumamente preocupantes a la hora de los diagnósticos.  

Resulta que la enfermera Lopera, tranquila y feliz con su nombramiento, (sin ningún complejo y con natural autoestima) subió a las redes sociales algunas fotos del momento de su posesión ante el alcalde de la ciudad, Daniel Quintero, sin que sus kilos de más (según los estándares médicos y particularmente sociales) le impidieran mostrarse con su satisfacción en el nuevo cargo. Su figura, de marcada obesidad, llamó la atención de Juan José Lafaurie Cabal, hijo de padres ganaderos, terratenientes, empresarios ambos de renombrado actividad pública; Lafaurie (hijo), dirigiéndose a la  actual Secretaría de Salud mencionada, le dijo: “No romanticemos la obesidad y el sobrepeso, son el quinto factor de riesgo de muerte a nivel mundial, cada año fallecen por lo menos 2,8 millones de personas adultas a consecuencia del sobrepeso o la obesidad. Secretaria, con todo respeto, cuide la salud de los paisas y la suya”. Tal alusión, ofensiva y discriminatoria, similar en flojedad a otros de personajes del mundo de la política, llevó a respuestas de solidaridad con la enfermera que, después se supo, padece un trastorno de tipo endocrino. Personajes con tantos seguidores podrían aportarle al país comentarios saludables mentalmente, de esos que propician un clima social más tranquilizador, en vez de estar socavando en heridas sociales y “defectos” personales que afectan, y mucho, la salud mental individual y del colectivo ciudadano. 

Recordemos a propósito que, según la OPS: “El Día Mundial de la Salud Mental (DMH), que se celebra cada 10 de octubre, es promovido por la Federación Mundial de la Salud Mental y cuenta con el respaldo de la Organización Mundial de la Salud (OMS). El evento representa un compromiso global para crear conciencia sobre los problemas de salud mental en todo el mundo y movilizar esfuerzos en apoyo de la salud mental”. Sin embargo, en aquel momento de esta definición, no estábamos padeciendo los factores agravantes que en el siglo XXI nos generan malestares emocionales afectando la salud mental: Pandemia, inequidades, falta de oportunidades, conflictos sociales, la economía global, el cambio climático evidenciando daños que traen consecuencias sobre regiones del mundo y  ecosistemas, guerras, tragedias; e inclusive no se venían venir los riesgos de ciertos avances tecnológicos aplicados a las nuevas formas de informarnos, relacionarnos y “desinformarnos”, que se han convertido en causantes de estrés por distintas razones. 

Si ahondar, sumidos en el pasado, produce depresiones severas en los individuos que se van quedando ahí, ni hablar de los trastornos de ansiedad que perturban por el miedo a un futuro incierto.  ¿Y qué fomentan con su trinar malsano, algunos políticos y ciudadanos que los siguen? ¡Ansiedad! En videos, memes, montajes, fotos e incluso en informes dizque serios de medios de comunicación tradicionales, nos están pintando un inmediato futuro alarmante, turbador, horrendo al señalar lo que supuestamente nos espera en Colombia: Empresarios quebrados y por lo tanto obligados a despedir centenares de trabajadores (entre la clase obrera y trabajadora de todos los sectores se están viendo las depresiones por la incertidumbre laboral); que el comercio tendrá que cerrar decenas y decenas de almacenes; que habrá desbandada de multinacionales (las que tanto criticaban y ahora en cambio ¿cómo se van a tener que ir?) o sea que están viendo en ellas fuentes de empleo bien remunerado; por toda parte se lee y oye que llegará el hambre y la clase media desaparecerá porque pasará a engrosar la pobreza.  

¿Pobreza? ¿Hambre? ¿Por qué no los han combatido en los gobiernos de años y años prometiendo lo mismo? La pobreza y el hambre de Colombia no son del futuro en el mediano plazo, son del pasado cercano y el presente en la historia de Colombia, profundamente agravados en la última década. 

Pero tengamos en cuenta que aquellos que están engendrando todo tipo de temores al crear pánico sin fundamentos, maliciosamente fijado en la sociedad con el ánimo de borrar algún matiz de esperanza, también padecen algún nivel de inestabilidad en su salud mental. No poder controlar la ira; dejarse dominar por el impulso de señalamientos agresivos; manipular información adobada con el instinto de la dulce venganza; cometer y esconder “pecados” que merecen mínimo la sanción social; o, en todo caso, disfrutar de las reacciones que despiertan con sus comentarios mordaces; además, despreciar lo que significa misericordia al sacarla de sus sentimientos, es compatible con un país muy enfermo en el que estamos viendo atrocidades todos los días.  

La razón de ser de la política se desbarajustó hace rato, y en ese bullicio ideológico está ganado la inmisericordia; la misma que en la arrogancia de los dueños de un pedacito de poder (y en sus hijos consentidos, o mejor, malcriados) se va asumiendo al creer que la magnanimidad de la misericordia se contrapone a sus ambiciones personales, por lo que se ve en ellos la incoherencia de pregonar “amor intenso por el país”, mientras maltratan y crean incertidumbres que afectan la salud mental.