El Jodario: Botero y Nicasio @eljodario

Por Gustavo Alvarez Gardeazábal (foto)

Si los falsos positivos no hubiesen ocurrido en Colombia cuando Alvaro Uribe era presidente y Juan Manuel Santos su ministro de Defensa, podría tacharse de tendencioso el artículo publicado el fin de semana en The New York Times. Pero como esa afrenta a la historia no podrá ser juzgada a plenitud, porque el objetivo de hacer trizas la JEP lo están logrando mes a mes. Y como es allá donde generales y soldados deberían contarnos qué órdenes les dieron para matar tantos seres humanos y hacer creer que ganaban la guerra. Y como el país ya lo sabe, la radiografía preventiva del periódico neoyorquino no ha sido tomada como tal sino como una cabeza de proceso (¿otra más?) contra el ejército colombiano que desde cuando le dieron pispirispis con el proceso de paz de Santos no ha podido levantar cabeza.
Porque no nos metamos mentiras ni le hagamos coro a María Fernanda y su corte de ángeles de derecha. El ejército no está desempeñando la labor para la cual los colombianos creemos que fue concebido: para impedir el avance de las fuerzas internacionales que crucen nuestras fronteras o para impedir la destrucción del estado con las distintas manifestaciones de terrorismo.
Aquí lo dije hace un tiempo. Resulta inexplicable que si mientras Uribe fue presidente se ejerció un control preventivo sobre los oleoductos usando al ejército, para Botero o para Nicasio las experiencias de Uribe ni están registradas en las memorias de las Fuerzas Armadas ni se atreven a preguntarles cómo lo hizo mientras gobernaba y los elenos andaban en las mismas de ahora. Como Botero cree que sigue administrando una cacharrería y Nicasio sabe que las cifras infladas dan medallitas, se juntaron los dos, la uña con la mugre, para joder la imagen de Colombia ante los ojos del mundo.

RESPUESTA DEL EXPRESIDENTE URIBE A MI COLUMNA 

No he sabido proceder contra la ley, ni actuar a la sombra, ni engañar, espero que le hagan llegar lo que tantas veces he repetido sobre falsos positivos y falsas acusaciones. No hay un solo  militar que pueda decir que recibió de mi parte mal ejemplo o indebida insinuación, y creo ser uno de los colombianos, que como Gobernador y Presidente, más ha hablado con integrantes de las Fuerzas Armadas.

ENCUADERNANDO

Los episodios funambulescos de la semana anterior pusieron en riesgo la continuidad de la democracia en un país que no ha permitido jamás que las minorías se apoderen del curso futuro de las instituciones. La animadversión contra la JEP y la imagen fastidiosa creada alrededor de Santrich, por sus mismas actuaciones, por las de la embajada gringa y por los medios, nos impidieron entender que la defenestrada JEP lo que estaba era defendiendo la institucionalidad del país ante la utilización de agentes extranjeros, provocadores del delito, y menos que advertimos que todo era una trama montada si la Fiscalía no había llegado a acusar a Santrich ante un juez cuando las pruebas gringas dizque eran convincentes.
La propuesta de un grupúsculo del CD para convocar una Constituyente resultó tan oportunista como la renuncia del Fiscal Martínez para evitar el juicio de residencia que le harían el 23 en la Sala Plena de la Corte Suprema. Pero no indica esa propuesta joseobduliana que no tenga razón. El país se siente desde la semana anterior como una nación descuadernada y cada vez se hace más necesario encuadernarla.
Pero dadas las aristas y peligros que tiene  el convocar una Constituyente, valdría la pena comenzar a pensar cómo convocar por ley o por decreto una Comisión Redactora de la nueva Constitución que sea Constituyente pero sin serlo. Que no tenga los poderes omnímodos que tanto asustan de una Constituyente. Que la presida Margarita Cabello como ministra de Justicia. Que tenga fechas fijas para entregar su texto y que después se la someta a referéndum. Que los 39 miembros que ella tenga sean nombrados equitativamente por decreto presidencial previo acuerdo con todos los partidos, estamentos  y regiones y sobre la base de los resultados de las elecciones de octubre. No es descabellado trabajar esa idea. Al país hay que volverlo a encuadernar.
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