El Jodario: Arribismo político @eljodario

 

Por Gustavo Alavarez Gardeazábal (foto)

La noticia registrada en los medios sobre el noviazgo oficial de la excanciller María Angela Holguín y el eterno candidato a la presidencia Sergio Fajardo, me ha hecho pensar en la peligrosa tentación que ha sido la sociedad bogotana para muchos provincianos que han aspirado a gobernarnos o han logrado hacerlo.

El ejemplo lo  tenemos fresco en el expresidente Uribe. Por alguna razón que él podría explicar en sus memorias o que sus biógrafos posteriores deberán esculcar, Uribe tenía una obsesión mayúscula por copar la sociedad bogotana. Lo demostró cuando escogió como su vicepresidente a Pachito Santos y lo  recalcó más aún cuando nombró a Juan Manuel Santos como su ministro de Defensa y después cuando lo aupó, equivocadamente sin duda, hasta llevarlo a ser presidente. Por supuesto Uribe para contrarrestar ese efecto arribista, nunca fue a cocteles y restaurantes bogotanos y la única vez que entró a la Estancia Chica, lo hizo corriendo. Para el provinciano Uribe montar en su carroza a los Santos pareció una obsesión no satisfecha sino hasta que se atragantó.

Probablemente en su remoto pasado antioqueño, cuando “El Tiempo” era de los Santos y orientaba al país desde sus páginas diarias, poner a los Santos a sus pies, involucrándolos como parte de su estrategia política resultaba una meta victoriosa de astucia paisa.

Ahora, cuando Fajardo cerró su apartamento de Medellín y se fue a Bogotá y se enamora públicamente de María Angela Holguín, de la más rancia estirpe bogotana, nieta, sobrina y emparentada con expresidentes, se evidencia un afán casi igual por montar en su carretilla a ese estamento social extremo que ha dominado el país desde cuando Jiménez de Quezada fundó la capital a 2.600 metros de altura para huirle a los zancudos que causaban el feroz paludismo. Quizás Fajardo cree que ella es el antídoto para no volver a ser derrotado en sus nuevas aspiraciones presidenciales.

ABERRACION

Uno de los más conspicuos congresistas de este país, el representante a la Cámara por el Tolima don Ricardo Ferro, quien para gloria y honor de la patria uribista preside la Comisión de Acusaciones, ha presentado un proyecto de ley aberrante que pretende imponer cárcel de 36 meses a quien crie o mantenga en su casa canarios, loros o cacatúas.

Al leer el texto de semejante esperpento no he pensado en la incapacidad mental de quien se lo redactó sino en el dolor que podrá sufrir mi querida amiga Nely Macías, quien a los 86 años cuida con esmero y dedicación de décadas los canarios que la han acompañado en los muchos lustros que veló por su marido hemipléjico y que hoy son su vida y su ensueño en solariega casa de Cartago.

Pienso en cuántas abuelitas como ella, en cuántos solitarios marginados de la selva urbana en algún osario que ahora llaman apartamento, tienen como compañía un ave enjaulada a la que alimentan, cuidan y le hablan casi como un ser humano. Ferro, queriendo ser el Bolsonaro de Colombia, confunde los derechos a la libertad con las prohibiciones del despotismo. El solo pensar en condenar a 36 meses de cárcel por tener canarios en un país en donde criminales y atropelladores siguen libres, demuestra  lo confundido y poco preparado que debe estar. Si investigara sobre la milenaria cría de canarios en jaula, entendería la masacre que ocasionaría cuando los colombianos que tengan esos animalitos o loros y cacatúas los liberen en cumplimiento de la ley y ellos no puedan ni defenderse ni comer ni buscar los alimentos en la libertad que a sus ancestros les cambiaron por la comodidad de la jaula.

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