20 octubre, 2020

Primicias de la política, empresariales y de la farándula

Doce pilares para una nueva era educativa- Parte 1

Por Enrique E. Batista J., Ph. D.

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Arrojo, sapiencia fundamentada y creatividad son cualidades que nos incumbe tener hoy frente a los extraordinarios acontecimientos  que nos han afectado de manera tan singular. Son cualidades para innovar con carácter y decisión contrarias a las decisiones que buscan paliar de momento los efectos que sufrimos. Son necesarias para consolidar estrategias efectivas y oportunas de gestión del servicio educativo y para incorporar las innovaciones pedagógicas que permitan posicionar a la educación como el cimiento central sobre el cual se apoyará la superación de los insólitos y perturbadores sucesos vividos y así poder avanzar hacia el progreso colectivo, social, cultural y económico del país. 

Es una oportunidad para ciudadanos y gobernantes de mentes abiertas dispuestos a impulsar el necesario cambio; ciudadanos y gobiernos que sean a la vez sagaces e inteligentes para promover acciones efectivas con resultados sociales positivos en el corto y largo plazos. La humanidad ha conocido en el pasado hechos extraordinarios, locales y globales, de los cuales surgieron trasformaciones y rupturas sociales que han beneficiado el progreso colectivo y que cambiaron el rumbo de la historia creando nuevas eras que suplantaron a las viejas. Esta vez, la oportunidad está servida.  

Como bien se ha dicho, será de ilusos quiméricos y conformistas por habituación pensar y proponer que se puede a regresar a la vieja “normalidad” como si los hechos extraordinarios que padecemos no nos hubiesen afectado ya de forma dura con arraigo y creando condiciones que perdurarán en nuestra vida personal, social y laboral, en la política, la economía, la ética y la cultura. No se trata de un renacer desde la ceniza como el Ave Fénix que lo hacía cada 500 años para reempezar y seguir volando en el mismo punto cada vez, estancado en los mismos momentos y circunstancias. 

Con mente abierta y apego a la innovación creativa podemos superar la fantasía infructuosa de quienes como esa castigada Ave o como el avestruz meten la cabeza en la arena para no ver la oportunidad de la gran mutación a la que hemos sido forzados.  Ya fuimos cambiados. No se puede ignorar el peso de los hechos, tampoco es viable la acción pasiva del “dejar de hacer, dejar pasar” que sólo da paso a una resistencia pasiva pero dañina frente a las necesarias acciones que social y moralmente nos incumbe concebir y llevar a cabo  frente a los  imperativos de cambio que nos han impuestos las inusitadas y  extraordinarias circunstancias. 

Son insólitos momentos de pesadumbre colectiva que convocan no sólo a los gobiernos y legisladores sino a todos los ciudadanos con sus organizaciones sociales, a los niños y jóvenes, a los sectores productivos, a maestros, padres de familia y trabajadores de la cultura para consolidar un novedoso y actualizado modelo educativo que reemplace al actual por viejo, improductivo y caduco. Un modelo para una nueva era que con base en nuestras necesidades y realidades de las más diversa índole, permita el surgimiento de un nuevo día social y escolar en donde una educación inclusiva, pertinente y de calidad para todos sea el sol que alumbre el progreso colectivo. 

El temor a la innovación no puede llevar a nadie a continuar pensando, justificando y haciendo lo mismo, a manera de eterno e inmodificable ritual, en los diversos ámbitos de la sociedad en general y de la educación en particular cuando todos sabemos de las debilidades, exclusiones y acciones gubernamentales y sociales muy tímidas o muy mal enfocadas y realizadas. 

No se ha carecido de oportunidades, pero sí de voluntad política. Esta nueva oportunidad en la que todos en los diversos estratos sociales, organizaciones sociales, sectores productivos, el vecino, usted y yo hemos sido afectados nos convoca para que también todos, de manera solidaria y colaborativa, aseguremos una educación que haga brillar la abundante inteligencia de nuestros alumnos y nos llene a todos de progreso y orgullo. 

El proceso con innovación social se apuntalará sobre pilares bien conocidos y que recogen experiencias de innovaciones educativas recientes y exitosas. Son 12 de las cuales enumeraré aquí cinco de ellas. Las otras siete las presentaré en la próxima columna: 

Pilar 1. El ideológico político. Hace referencia a transformación hacia una nueva era educativa con amplia participación social. Tiene como meta la fijación de políticas educativas con atención a las variantes regionales y culturales, atención a todas las poblaciones, urbanas y rurales y, para la construcción de equidad e igualdad, a las comunidades más pobres y las excluidas. Políticas que se acuerdan con amplia participación de todos los sectores sociales y de la producción, de los gobiernos y legisladores. Este Pilar implica la elaboración de programas con metas alcanzables para ser evaluadas con periodicidad, la reformulación de los fines de la educación acorde con las distintas realidades y nuevas circunstancias en el país y en el mundo. Implica también el mantenimiento, como principio dentro del contexto normativo general, de la autonomía de las escuelas y universidades y de la libertad y poder para la creación y la innovación. Implica, así mismo, el cumplimiento por los gobiernos de los mandatos legales que obligan a desarrollar una educación de calidad para todos y a la observancia plena de los compromisos que el país ha adquirido mediante acuerdos y convenios internacionales.  

Pilar 2. La obligación de adecuado financiamiento económico. Es para todos evidente a lo largo y ancho del mundo que los resultados educativos (conocimientos, habilidades, actitudes y valores), los sociales y culturales, la buena ciudadanía y la eticidad dependen de la asignación suficiente y oportuna de recursos económicos  y de la seguridad de que ellos sean invertidos con claridad y transparencia. Algunos gobiernos rehúyen este pilar invisibilizando a la educación en sus planes de desarrollo. Lo que no se ve, sienten con impropiedad política, no existe y no es exigible por ser inmaterial. 

Pilar 3. Los proyectos formativos escolares. Estos, con protuberante arcaísmo, han sido llamados desde hace cerca de 500 años “currículo”, el mismo del que se ha insistido tanto que está fenecido y carece de funcionalidad pedagógica y práctica hoy. Mantener ese arcaísmo atenta contra la necesaria transformación de la totalidad de los muy atrasados procesos educativos, heredados y mantenidos por el peso agobiante y retrasador de la tradición. Las escuelas están hechas para alcanzar altos niveles formativos cognitivos, afectivos, morales, laborales y de ciudadanía, y no para desmembrar los saberes y “dictarlos” de modo desarticulado en asignaturas inconexas que limitan el aprendizaje activo, la motivación y el interés de los alumnos. 

Los proyectos formativos escolares integran, mediante una variedad de estrategias pedagógicas, los saberes científicos, las disciplinas, el arte, la cultura, la recreación, la ética y la moral, la lengua propia y la extranjera, la economía, la historia y geografía y nacionales y globales, la valía de la biodiversidad y la defensa del planeta, alrededor de momentos de aprendizajes basados en problemas, en proyectos o en desafíos  los cuales se centran en facilitar a los alumnos formar, bajo su control, parte activa del proceso de aprender y del desarrollo de sus habilidades innovadoras y creativas; permiten a la vez la individualización de los proceso y ritmos de aprendizaje.   

Pilar 4. Grados escolares y horarios. En la historia de la pedagogía la formación por grados escolares es más bien reciente. La vieja concepción de “currículo” ha arrastrado con ella la idea de los horarios rígidos de clases los cuales responden hoy a artificiales separaciones de contenidos y a la des – integración entre los objetivos y los contenidos de las asignaturas prescritos más para ser cubiertos, con frecuencia de cualquier manera, por el “docente” (que no por el maestro). Predominan las asignaturas en lugar de los proyectos formativos escolares. Se ha arrastrado también la concepción errónea que lleva a resultados desastrosos o inciertos consistente en que las áreas formativas escolares deben convertirse en asignaturas para ser dictadas y examinadas. Una gran cantidad de logros escolares no son ni caben en la dimensión arcaica de asignaturas; entre ellas la formación en: ética, religión, moral y valores, urbanidad y ciudadanía. Tampoco caben como asignaturas las habilidades comunicativas en lengua propia y extranjera; el aprendizaje de una segunda lengua no es asunto de asignaturas, como bien ocurre en los ambientes no escolarizados, sino que sus logros se fomentan por niveles de habilidad o ciclos, independiente de la edad y de grados escolares, por el nivel de “proficiencia” de cada uno, como se denomina en el campo de enseñanza y aprendizaje de las lenguas.  

Pilar 5. Énfasis en promoción de las habilidades socioemocionales. El sobre énfasis en contenidos dictados que, con suma impropiedad pedagógica se dice que son para ser “transmitidos”, ha puesto lejos de las escuelas los más importantes logros que con su misión social se desean alcanzar mediante procesos formativos que contribuyan a la humanización de las relaciones sociales, a la convivencia pacífica, a la solidaridad, a la vida democrática participativa, a la aceptación de las diferencias culturales, étnicas, de género y de otras clases. No se pueden “dictar” y tampoco “transmitir” las habilidades socioemocionales como el liderazgo, el trabajo colaborativo en equipo, la comunicación precisa, la creatividad, la innovación, el pensamiento crítico, la sensibilidad social, la defensa del planeta y su biomasa, la solidaridad entre comunidades y pueblos. Ellas no pueden ser asignaturas, pero sí la parte más esencial de una educación en una nueva era transformadora. Las habilidades socioemocionales tienen la virtud de que pueden y deben estar presentes en todos los proyectos escolares de aprendizaje activo y cubrir todas las áreas formativas en todos y cada uno de los niveles educativos; representan la humanización de las relaciones sociales y son logros para toda la vida a diferencia de los contenidos que en su gran parte se vuelven obsoletos en medio de los avances en ciencias y tecnologías. 

En la próxima columna abordaré los otros siete pilares: Los maestros, la infraestructura educativa, los medios y mediaciones pedagógicas, la individualización de los procesos formativos, la evaluación para la promoción constante, la promoción y evaluación de la calidad, y los sistemas de gestión de la educación y de sus procesos formativos.