11 agosto, 2022

Primicias de la política, empresariales y de la farandula

Crónica # 306 del maestro Gardeazábal: Cartagena sigue sin gusanos

Gardeazabal

@eljodario 

Ahora que ha reiniciado el turismo, haciéndole quite a la pandemia y obligando al carnet de vacunación para entrar a cualquier recinto cerrado, y aspirando que sobreviva como medida de prevención  al pronosticado abarrotamiento en restaurantes y aviones, se pone uno a pensar cómo van a hacer en el aeropuerto de Cartagena, el que sirve a la ciudad más turística del país. Y pienso en ello porque en esa ciudad mientras más tiempo pasan poniéndoles bolas a los bogotanos influyentes para que nos les tapen con un pequeño edificio la vista hacia el barrio de Torices desde el castillo de San Felipe, menos gestiones y menos atención le gastan a que exijan la ampliación y modernización de verdad del aeropuerto de Crespo. Con el cuentico de que es mejor gastarse toda la plata del mundo en hacer otro aeropuerto a mitad de camino entre Barranquilla y Cartagena, han ido dejando de asumir la responsabilidad de tener un aeropuerto que abarque a los cada vez más y los más miles de turistas que seguramente vendrán después de la pandemia. Si con el Covid todavía vivito y sin exigir el carnet de vacunación para los pasajeros de los aviones, el aeropuerto de Crespo se congestiona con que se demoren cuatro vuelos (y los pasajeros deben sentarse en el suelo de la sala de espera porque no hay suficientes asientos), qué no irá a pasar cuando se junten los 10 vuelos que habitualmente pueden salir en una hora. Pero a nadie parece preocuparle. Ni a las autoridades de salud ni al alcalde semineoyorquino que ahora tienen. Y como a las aerolíneas sobrevivientes de las quiebras del Covid y a las agencias de viajes se les acabaron las ganas de presionar a los dirigentes cartageneros o al gobernante bogotano, en Cartagena nada que ponen los gusanos para el ingreso y salida de los vuelos que hay en casi todos los aeropuertos del mundo. En Cartagena, nuestra ciudad amurallada, todos los pasajeros tienen que remedar al presidente de los Estados Unidos al que, sin importarles ni la edad ni los impedimentos físicos, lo obligan subir y bajar por esas interminables escaleras del Air Force One. 

Obviamente el que no haya gusanos en Cartagena demora más el abordaje, quita tiempo a que lleguen más pasajeros y enardece a los que les toca ir detrás de quien use bastón o tenga alguna prótesis que lo haga subir escala por escala. 

De lo demás, ni hablemos, porque de pronto me voy a pasar navidades a esa ciudad y me tocará aguantarme el resultado de la falta de cojones de la dirigencia cartagenera.

Escuche al maestro Gustavo Alvarez Gardeazábal.