15 abril, 2021

Primicias de la política, empresariales y de la farandula

Crónica # 122 del maestro Gardeazábal: El titiritero

@eljodario 

Desde hace unos años personalmente y de manera muy sensible en los últimos meses a través del zoom o el skype, me han estado interrogando profesores y estudiantes de historia, política y sociología para que les hable sobre el trasunto que llevó a escribir mi novela “El Titiritero” sobre la revuelta estudiantil de 1971. 

Con ellos he recordado muchas cosas que por no verificadas ya había mandado a la trastienda del olvido y por ellos, también, he sabido y comprobado que desde 1966 los terroríficos agentes del F-2 me tenían la perseguidora (y hasta folder me habían abierto) porque pese a yo no ser ni marxista ni seguidor de la Juco y mucho menos derechista de la mano negra que campeaba desde los cenáculos de la Facultad de Medicina de la Universidad del Valle, les resultaba peligroso por mis carteleras en la Facultad de Humanidades y por mis columnas en los periódicos de Cali. 

Hoy 26 de febrero, hace 50 años exactamente, que las fuerzas del orden dispararon contra el estudiante tulueño Edgard Mejía Vargas, conocido como “Jalisco” y se armó una revuelta estudiantil donde hicieron aparición todas las castas e intríngulis que entonces ya dividían la izquierda comunista y anulaban el trabajo de los equipos católicos universitarios del padre Pellegrí. 

Los muertos fueron muchos, oficialmente 16, (según radio bemba fueron 30) y como el  fenómeno se regó en cadena de protestas en las grandes universidades del país, sirvió de pretexto para que el ministro de Educación Luis Carlos Galán reestructurara de manera drástica el esquema gubernativo y representativo de las universidades y, metiéndolas en una campana de vidrio, iniciara el aislamiento de la masa profesoral y estudiantil de los vericuetos de la vida nacional, peste que subsiste hasta hoy día pese a los muchos esfuerzos que se han hecho por romper la tal campana neumática. 

Yo no estaba aquel día en Cali, ya era profesor en la Universidad de Nariño, pero como había vivido hasta unos meses antes los prolegómenos que precipitaron finalmente el estallido, pude escribir años después, siendo ya profesor en la Universidad del Valle, “El titiritero”, tomando distancia, pero hurgando testimonios finales sobre un momento de la historia nacional que hoy muchos quieren estudiar o recordar con más profundidad. 

Finalmente, así ha sido mi oficio, novelar los hechos culminantes de una patria a la que a cada rato le quieren castrar su memoria o deformarle lo vivido para que se olviden errores y personajes. 

Hoy 26 de febrero de 2021, cincuenta años después, me siento satisfecho de haber logrado evitarlo con mi novela “El Titiritero”. 

Escuche al maestro Gustavo Alvarez Gardeazábal.