Botemos el “bombón de trapo” y aterricemos

 

Por Claudia Posada (foto)

¿Cuántos intereses execrables se ocultan en Colombia tras cortinas de humo? Muy difícil saberlo. Lo cierto es que nos mantienen enfrascados en la irritante discusión que remueve y machaca lo mismo:  Santos tiene la culpa de…, eso fue Petro que…, Uribe en su gobierno esto…, que Venezuela aquello, que si EEUU lo de más acá. Tan patética manipulación de estos temas por parte de dirigentes y líderes que pertenecen a las clases dominantes, ahogan en falacias sus verdaderas intenciones.  Mientras el pueblo adopta posturas ajenas, creyéndolas diáfanas, en las esferas de poder y decisión se burlan con prácticas y ejecutorias nefastas.

Todas esas posiciones supuestamente ideológicas que entalegamos en la denominada polarización del país, no son más que “bombones de trapo”. Nos han sumido maliciosamente en discusiones para entretenernos mientras hacen de las suyas.

No es porque Uribe, Santos, Maduro o Petro nos hayan o no revolcado el país, por lo que debamos seguir respaldando posturas que nada aportan a la necesidad urgente de que responda el Estado a las obligaciones que tiene. La dirigencia colombiana, por su parte, con respecto a todos los males que padece Colombia y que se derivan del narcotráfico, de igual forma parece ignorar o desestimar que, el almendrón de las violencias que anulan la tranquilidad de urbes y pueblos, es el narcotráfico.

No nos desgastemos más en enfados, recelos, odios, posturas y rencores que no tenemos, como pueblo, porqué padecer, imbuidos en la polarización. Entendamos que somos manejados como monigotes, con los hilos que tejen los que dicen “amar la patria por sobre todas las cosas”. Los contenidos en discursos de campañas electorales y de la cotidianidad política, son los mismos de hace cincuenta, veinte, o cuatro años: Que los campesinos, que la educación, que la corruptela… Y todo sigue igual o peor.

¿Qué es lo que de verdad pasa? Pues que desde finales de los años setenta, fortalecido en los ochenta y aterrador en los noventa hasta hoy, el narcotráfico mueve lo inimaginable, y sus tentáculos, como “enfermedades degenerativas”, afectan las estructuras de la institucionalidad, e igualmente dañan “organismos” que empeoran con el tiempo.

El narcotráfico echó raíces muy fuertes en Colombia, a toda escala, y cogió ventaja desmesuradamente; pero a pesar de ello y así como es, una realidad irrefutable, cuando la señora Angela María Robledo – sin despelucarse o exaltarse- recordó “…la herencia que nos dejó Pablo Escobar”, no faltaron las voces compungidas, y hasta furiosas en su contra, porque dizque ella nos maltrató como antioqueños. ¿Cortinas de humo? ¿O la intención de hacer que nos pongamos a favor de un planteamiento que no es inocente, es un sofisma?

Así, como a pueblo ingenuo al que le chantan libretos abstraídos, en los que nos meten con argucias, así nos mantendrán si no despertamos y cambiamos el “bombón de trapo” por la exigencia de respuestas descollantes, altamente significativas y eficaces, frente a la peor desgracia que padece Colombia: El narcotráfico.