Blanco y negro: La importación de deportados

 

Por Gabriel Ortiz (foto)

Tremendo lio el que está por sorprender al presidente Trump, si insiste en mantener su política de deportaciones masivas, que hacen parte de la campaña electoral para su reelección.

Su última amenaza económica a China, no fue madurada suficientemente, antes de hacerla pública.

En él son muy frecuentes sus salidas, unas en firme y otras en falso. Unas reales y otras a manera de globos de ensayo. Lo tienen sin cuidado rectificar sus posiciones, metas y anuncios. Es tal la cantidad de twitter, mensajes, declaraciones y anuncios que emite por hora, que a él y a muchos norteamericanos les resbalan.

La guerra económica que mantiene con el gigante asiático, ha trastornado la economía global a tal extremo que muchas naciones están en dificultades, entre ellas Méjico, Argentina y Colombia en este continente. Lo nuestro se refleja en el precio del dólar, que de paso no sirve para nada, porque es muy poco lo que tenemos para exportar. Y para completar, ha alejado la inversión extranjera.

Pues bien: la guerra económica que pisa a Europa y al resto del orbe, fustiga a Trump y a su economía. Frenará su afán opresor a los inmigrantes, que llegaban a los Estados Unidos a fortalecer la economía y sosegará su poderío soberano y el afán por imponer su poderío. Y no solamente en su patio trasero del sur del continente. A Norteamérica han llegado emigrantes de Europa y de las diferentes naciones de mundo para engrandecerlo y al que nadie se le había ocurrido antes, construir muros, expedir leyes o barreras para aislarlo de la laboriosidad, la tecnología, la riqueza, la fama, el pensamiento, los ideales y el buen vivir.

Trump quiere ahora aplicar de nuevo más aranceles y castigos económicos a los Chinos, arreciar las deportaciones de familias -especialmente hispanas- encarcelar niños documentados e indocumentados, obligar a las empresas gringas a reestablecerse en su territorio, o soportar medidas internas extremas. Las épocas electorales calientan cabezas y pensamientos, e impiden hasta, a los más sagaces, audaces, astutos, ladinos e inteligentes, actuar con la cordura que demandan dramáticas o elementales decisiones.

Si de atraer u obligar a sus empresarios a regresar con sus fábricas a Estados Unidos, se trata, debe pensarlo con sensatez y prudencia. Primero que todo, proceder a levantar todas las normas que mancillan a los inmigrantes. Debe atraerlos, si en realidad ha pensado en competir con los Chinos. Solo con esa fuerza laboral y esa mano de obra pude recuperar los mercados locales e internacionales.

Y qué decir de la reacción de las naciones que tienen fuerza laboral barata, abajo del Rio Grande… esos también se pellizcarán y aprovecharán la guerra económica USA-China, para conquistar los mercados del mundo.

Trump, tendrá que pensar más en cómo afrontar esta guerra económica y abandonar su feudalismo, porque el tiempo se acaba económica y electoralmente.

BLANCO: Falló la venganza de Ricardo Ferro.

NEGRO: No se puede jugar con Avianca. Financieramente se deben usar las palabras exactas.