“El hombre nace bueno, pero la sociedad lo corrompe”, según Rousseau. Pero ¿quién corrompe la sociedad a la cual llega el sujeto individual? La sociedad no se comporta igual en los distintos terrenos geográficos e históricos. Para alcanzar un mejor vivir de los pueblos y fijar sus metas de felicidad, la democracia enseña las rutas que le pueden servir a esas sociedades para sus objetivos a medianos y plazos largos. Sectores hay que quieren mayor velocidad o la sustitución del método. Aparecen otras corrientes que hacen de la violencia el instrumento de cambio político, actuando el nombre del proletariado, ya sea en la advocación de “tradición, familia y propiedad”.
En Colombia se vive, hace décadas, la violencia política y la violencia común. Esa violencia no es genética, no está atada al ADN. Se enseña y se practica en la familia, en la escuela, en la secundaria y universitaria. (Lea la columna).
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