27 febrero, 2021

El Alejandro Galvis que yo conocí…

@vanguardiacom 

Por Jairo León García Uribe. 

Era diciembre de 1973. Yo estaba terminando el último semestre de Periodismo y Comunicación Social en la Universidad Pontificia Bolivariana. Promediando el mes, el entonces profesor nuestro de periodismo, Darío Arizmendi Posada, nos anunció que el jefe de redacción de Vanguardia Liberal, Guillermo León Gutiérrez, se encontraba en el Hotel Nutibara y que entrevistaría a quienes estuvieran interesados en vincularse al diario de Bucaramanga. 

Recuerdo que nos presentamos a la entrevista Gabriel Gallo Pérez, José Fernando Hurtado y yo. 

Llegamos a la Ciudad de los Parques el 28 de diciembre, el Día de los Inocentes, y de inmediato nos trasladamos al periódico ubicado en la calle 34, pues el gerente, doctor Alejandro Galvis y el director Rodolfo González García nos querían conocer. Recuerdo que ese mismo día llegó Arturo Giraldo Sánchez, periodista egresado de la Universidad de Antioquia y con quien años después hicimos una dupla extraordinaria en el periódico El Mundo. 

Nosotros cuatro integrábamos la primera línea de periodistas egresados que contrataba Alejandro Galvis, en su intención de profesionalizar la redacción de Vanguardia Liberal. 

Podría decir que Alejandro Galvis y Rodolfo González eran la llave de oro en la orientación periodística de Vanguardia Liberal. Tenían muy claro cómo debían manejarse los contenidos del diario y sabían perfilar a los periodistas de acuerdo a las características de cada uno. Obviamente teníamos el respaldo de la excelente e inolvidable asistente de la gerencia, Zoraida Uribe, quien siempre nos brindó su apoyo incondicional a los periodistas de universidad.  

Yo recuerdo que Alejandro Galvis era de una figura imponente, con sus 1.88 de estatura. Un hombre de recia personalidad, de una sola pieza, de una sola palabra y de una claridad meridiana para tomar las decisiones. Había heredado de su padre, don Alejandro Galvis Galvis una formación humana de altísima calidad y un carácter a prueba de martillo.  

Esos rasgos de su personalidad encajaban perfectamente, como ficha de un rompecabezas, con los del director Rodolfo González García, quien era un verdadero líder político. Ambos eran sencillos, se ganaban fácil el afecto del personal porque irradiaban respeto sin imponerlo, con conocimiento y claridad. 

Como en la redacción surgió una comprensible reacción muy fuerte de los periodistas empíricos contra nosotros los egresados, Alejandro Galvis, Rodolfo González y Zoraida Uribe nos respaldaron con tanta contundencia que todos terminaron por aceptarnos. 

Era importante la llave de Alejandro Galvis con Rodolfo González por el manejo político del periódico. El diario Vanguardia Liberal, como su nombre lo decía, era y es liberal. Pero liberal de convicciones, de principios liberales inculcados y defendidos siempre por su fundador don Alejandro Galvis Galvis y en la defensa de ese legado, su hijo, daría siempre la pelea hasta el día de su fallecimiento. 

Vale recordar un episodio de carácter político que describe la recia personalidad de Alejandro Galvis. En 2007 Horacio Serpa líder político de Santander decide lanzarse para la Gobernación del Departamento. Alejandro Galvis Ramírez asumió el liderazgo de la campaña de Serpa y le puso el periódico Vanguardia Liberal al servicio de la causa. En esa contienda Serpa derrotó a Didier Tavera por una diferencia de 200 mil votos, para el periodo 2008-2011. 

Pero para la próxima elección de gobernador se presentó Didier Tavera con el apoyo de los ‘parapolíticos’ Hugo Aguilar y Luis Alberto Gil. La sorpresa de esa contienda electoral fue que Horacio Serpa, pese al pasado tormentoso judicial de Didier Tavera, decidió apoyarlo y dejó solo a Alejandro Galvis en su campaña contra la corrupción en Santander. 

Al otro día Galvis salió por las principales emisoras de Bucaramanga a cantarle la tabla a Horacio Serpa por traidor a los principios liberales y a Didier Tavera por su pasado borrascoso, que lo unía a su padre Ernesto Tavera Rodríguez, uno de los narcotraficantes con más dominio en la cordillera oriental, capturado en 1993 en Bogotá y condenado en 1995 a sesenta meses de cárcel. Cinco años después fue asesinado por la vía que conduce de Matanza a Suratá, en medio de hechos confusos. Según registró El Espectador, tras la muerte del narcotraficante la familia Tavera había invertido en estaciones de gasolina, vehículos de carga (tracto camiones y camiones) y de transporte público.  

Desde ese episodio Galvis jamás restableció la amistad con Serpa. 

No podía pasar por alto otro capítulo de la vida política de Alejandro Galvis. En 1997 el exministro y entonces senador de la República, Juan Camilo Restrepo Salazar, decidió lanzar su precandidatura presidencial, con el apoyo de Fabio Valencia Cossio. 

Restrepo le metió mucha energía a su precandidatura. Recorrió las regiones del país, lanzó propuestas, sobre todo en materia económica. Pero el problema que tenía Restrepo Salazar, es que cuando fue ministro de Hacienda, había decidido promover un IVA al papel periódico del 12 %. Y nunca aceptó dialogar con los dueños de los periódicos. Era un ministro arrogante. 

Obviamente en la coyuntura económica de la época con la crisis de los periódicos, esta propuesta significaría la quiebra de muchos diarios, especialmente regionales, que importaban el papel periódico. Zoraida Uribe recuerda que Vanguardia lo importaba de Canadá o de Finlandia. 

Pues en desarrollo de su campaña, Juan Camilo Restrepo Salazar aterrizó en Vanguardia a solicitar una entrevista. 

Alejandro Galvis estaba por fuera del diario, pero cuando se enteró de esa visita, de inmediato se fue al periódico. Galvis le pidió que se retirara de las instalaciones del periódico, y le advirtió a su redactora política que si el exministro de Hacienda quería espacio para publicar sus propuestas de campaña debía pagar por esa publicación y cancelar el IVA correspondiente. Obviamente el mensaje era para el candidato. 

Ese valor para defender sus principios y convicciones no se hizo esperar para atacar el narcotráfico con todas sus fuerzas. En un discurso en la Cámara de Comercio criticó los negocios fáciles que estaban haciendo algunas personas destacadas de la sociedad santandereana con conocidos narcotraficantes.  

20 días después, el 16 de octubre de 1989, explotó un camión bomba en la puerta de Vanguardia. El edificio quedó en ruinas. Sin embrego, al otro día a las 11 de la mañana salió Vanguardia con una edición de 12 páginas, con este titular: ¡Aquí estamos! 

Así era Alejandro Galvis… Imposible de doblegar. 

Galvis era un defensor de la libertad de expresión, de los principios liberales y un defensor a morir de su tierra, Santander. Recuerdo que, en muchos sectores de la ciudad, y en la vía al aeropuerto Palonegro, Vanguardia Liberal exhibía unas vallas grandísimas con el siguiente mensaje: “Quien pisa tierra de Santander, es santandereano”. Y así se sentía uno. 

Se fue uno de los grandes líderes de Santander. Y yo lo siento en el alma porque fue, al lado de Rodolfo González, uno de mis primeros profesores de periodismo.  

Por eso también le doy gracias a Alejandro Galvis, como lo dice esta imagen espectacular que ilustra esta nota, y porque además me brindó mi primer empleo. 

¡Ah falta que le va a hacer Alejandro Galvis a la región!