20 enero, 2022

Primicias de la política, empresariales y de la farandula

Crónica # 300 del maestro Gardeazabal: Si mi abuelo viviera

@eljodario 

Cuando mi abuelo Marcial Gardeazábal llegó a Manizales al Almacén de Aquilino Villegas a trabajar de sol a sol, nunca pensó que estaba haciendo la carrera universitaria que las condiciones económicas políticas no se lo permitían. Acababa de terminar la Guerra de los Mil Días y Aquilino fue su maestro. Le consiguió quien le enseñara en la entonces fría Manizales los idiomas extranjeros y, sobre todo, le enseñó a leer literatura y comerciar modernamente. De allá volvió 7 años después, graduado en la Universidad de la vida, y emprendió su oficio de librero y tipógrafo convirtiendo esa esquina suroccidental del Parque Boyacá en el centro de acopio humanístico que por décadas alumbró el pensamiento tulueño. No vio a su Tuluá con universidad pero estoy seguro que donde  hubiese estado vivo en 1971 habría sido uno de los que acompañaron a Néstor Grajales López y Carlos María Lozano a fundar hoy hace medio siglo este centro docente que ha orientado la vida tulueña desde entonces. Tal vez por ello las dos veces que tuve el honor de presidir en mi calidad de alcalde de Tuluá su Consejo Superior lo hice con fe y entusiasmo en su desarrollo futuro. De la misma manera he atendido a cada uno de los rectores que han tenido en este medio siglo y a unos más que a otros les he acompañado en las gestiones ante el poderoso centralismo para desviar los recursos que se han requerido. 

He sido entonces no solo un defensor de la Uceva, lo he sido de muchos compatriotas perseguidos o injustamente atacados. Mi columna periodística ha sido una trinchera contra los atropellos y un minarete para esculcar los errores de la jurisprudencia y ronronear sobre los caprichos de la muchas veces absurda aplicación de la justicia. Lo saben quienes me han leído u oído. Lo saben mis amigos jueces, magistrados y ministros que han escuchado (aunque no seguido exactamente) lo que les he planteado. De la misma manera he sido un defensor acérrimo de la educación. He criticado sin barreras la maldita herencia feudal vallecaucana de negarle la educación a los negros, a los indios, a los mestizos y a los pobres creyendo medioevalmente que solo al pueblo sin educación se lo puede manejar dócilmente. Lo sigo gritando. Y, por estos días, cuando vivimos el fenómeno sin igual de la muchachada levantando barricadas y paralizando el occidente colombiano para pedir a gritos educación con facilidades, he escrito y explicado en todos los medios cómo debe interpretarse ese grito. No me han oído ni gobernantes ni empresarios. No han podido entender que con la negativa a brindarle un computador a cada familia en acción, para que sus hijos puedan estudiar a distancia en medio de la pandemia o el hambre, están aumentando estúpidamente la brecha. Cuántos estudiantes se quedaron atrasados 24 meses por no haber podido tener con que pagar un plan de datos para conectar sus celulares y no perder las clases. ¿O cuántos teniendo como hacerlo no tuvieron profesores o instituciones educativas que no estaban preparadas intelectual y físicamente para afrontar la educación virtual?  

Nuestra generación no puede pasar a la historia como la que por falta de generosidad no desvió el futuro del abismo de la protesta. Menos que sea ante los ojos del porvenir la que por repetir el estúpido criterio feudal del valle del rio Cauca de tenerle miedo a la educación prefiera llevarnos a otra guerra más o a otro rosario de ambiciones locas. 

Guiado por esos criterios avisores. Usando como cátedra universitaria mi crónica diaria, acepto honroso el título de doctor Honoris Causa en Derecho de la Uceva para seguir defendiendo a mi pueblo y a su universidad y desde aquí a un país que sabe con cuanto empeño me he labrado un nicho para ser oído y leído por mis compatriotas. Aspiro con las actuaciones que me restan hasta el final de mis días, honrar a los maestros que han dictado sus clases en la Facultad de Derecho, en especial, a ser aceptado como compañero, pero sobre todo como tulueño y como patriota, al lado de tantos abogados graduados en esta Facultad que le han dado y le seguirán dando lustre a la Uceva. (Educción). (fotos honoris). 

Muchas gracias. 

Las anteriores fueron las palabras leídas ayer para recibir el doctorado Honoris Causa de la U. Central del Valle, Uceva