@eljodario
Si miramos a la Antioquia Grande de hace 10 años y la comparamos con la de hoy parecerÃa que por alguna razón se les volcó el escaparate.
Nueve años después del derrumbe del edificio Space, que inició la mala racha, los paisas se enorgullecÃan de lo que tenÃan y con un poquito de la exageración que todavÃa conservan los abuelos, tenÃan muchas cosas que mostrar y, lo más importante, habÃan profesionalizado el oficio de esconder lo feo, de no hablar de lo malo y de unirse férreamente para defender la libertad que perfuma las montañas de la tierra de mis antepasados. De paso se libraban del canibalismo de otras regiones como la vallecaucana o de la corruptela que estandarizaron en la Costa para administrar la cosa pública.
Pero se derrumbó el Space, ahà no más en inmediaciones del Hotel Inter, y se abrieron las puertas del infierno que con tanta saña amenazó el obispo Builes. Comenzaron a aparecer más edificios mal construidos o enfermos, como los llamaron para no tener que hablar mal de la ingenierÃa antioqueña.
Pero como los cajones del escaparate quedaron afuera, se les fue conociendo el tripitorio escondido. A varios edificios tuvieron que desocuparlos y destruirlos y aun cuando fue vox populi que esas torres se venÃan al suelo por la avaricia que caracteriza desde antaño al paisa fututo para sacar mayor ventaja económica de cualquier negocio, el asunto lo fueron dejando olvidar.
Quizás se fueron descubriendo errores más grandes y dañinos como Hidroituango o la enveringada que entre árabes y judÃos le pegaron al otrora poderoso GEA y todo ello sirvió para tapar y no analizar en público lo que sucedió con los edificios enfermos o destruidos.
Pero el pasado 14 de septiembre al tiempo que se conocÃa el fallo del Tribunal Administrativo de Antioquia condenando a la constructora Lérida de los Villegas y al Municipio de MedellÃn, desde la alcaldÃa se dio la orden de derribar un edificio más, el Continental Towers, que surgÃa todavÃa como fantasma recordatorio de la crisis de hace 9 años.
Â

El balance no puede ser más preocupante, pero como quien gobierna se defiende de las crÃticas mandando a vender paletas a quien lo haga, el escaparate sigue volcado, y sus cajones afuera, esperando que, entre todos, como antaño, hagan el esfuercito y lo levanten para acomodarlo de nuevo.


Más historias
Crónica # 1287 del maestro Gardeazábal: Niños no, mascotas sÃ
Yo no morà de cárncer
Crónica # 1286 del maestro Gardeazábal: El invitado humillado