19 junio, 2024

Primicias de la política, empresariales y de la farandula

Ser profesor o ser político

Dario Ruiz

Por Darío Ruiz Gómez 

“Delincuente sin cultura que usa la fuerza bruta para acabar la vida y cuidadora de la vida, de la falta de educación en Colombia”. La frase de Petro me creó en principio una enorme ambigüedad en lo referente a su posible alcance moral y su supuesta identificación de incultura como causante del crimen de una desprotegida mujer. O sea, de que sin la mediación racional de la cultura seguimos en manos de la delincuencia.

Aquel simbólico y espeluznante momento en “2001 aventura del Espacio” de Stanley Kubrick cuando el mono erectus levanta un gran hueso y mata a golpes a uno de sus semejantes nos estremece. Caín mató a Abel con una quijada de burro y por encima de todo la sociedad colombiana es una sociedad de cainitas.

Uno de los esbirros al mando de Iván Mordisco asesinaba hermanos de sangre haciendo de este reprobable delito un espectáculo que decenas de fans afrodescendientes seguían entusiasmados por Tic Tock. Las imágenes de nuestros noticieros se han regocijado mostrando el asalto de estos mismos delincuentes a escuelas y escuelas convirtiendo el horror en espectáculo.

No sé si continúan –creo que sí- ocupando la Rectoría de la Universidad Nacional en Bogotá un grupo de malhechores encapuchados y dirigidos por una mujer que abiertamente muestra su rostro ante las cámaras sin que autoridad alguna pueda al parecer detenerla.

Esos encapuchados mantuvieron a un vigilante sentado en una silla durante cuatro días ejerciendo sobre él una inaudita tortura física y mental. ¿Pueden estos encapuchados(as) representar a estudiantes y profesores que como reclama el Presidente tratarían de combatir el crimen con la educación o son el Kuklux Klan de la próxima intolerancia y la crueldad? 

Extraña metodología política ya que salir de la ignorancia y la superchería, de la brutalidad primitiva es el objetivo de la verdadera educación desde Aristóteles hasta Whithead, desde Cicerón a Bauman y desde Bolívar hasta López de Mesa o María Eastman y tantos maestras y maestros que se siguen jugando la vida por llevar educación a niños y adultos en regiones remotas de este país.

¿A qué nuevas esclavitudes conduce hoy el totalitarismo político que niega el papel liberador de la educación y de la cultura? Sin libertad no hay igualdad que es lo diverso y el derecho al disenso. ¿El maestro o el político, la vocación de enseñar a los niños y adolescentes de 4 a 90 años como recordaban ciertas revistas de hace sesenta años o una ciega obediencia al fanatismo político que persigue obsesivamente la libertad creativa? “Rasga el corazón de un dogmático, decía Lenin, y encontrarán a un fascista” 

Durante treinta años que ejercí mi vocación de enseñanza me enfrenté no solo a la rutina académica, sino al estallido de lo que violentamente se denominó la toma revolucionaria del poder por parte del ELN, las FARC y el MOIR para manipular el conocimiento, laboratorios destruidos, salones de clase saqueados, prohibición explícita de libros incluidos en el índice de la nueva Inquisición, milicianos convertidos en profesores, persecución contra cualquier asomo de disenso.

¿No era esto lo que una izquierda renovada debía dejar atrás para incorporar una educación renovada, democrática? ¿Se convocó alguna vez a las minorías democráticas a un debate sobre el porvenir de la Universidad?

Para convertirse en el nuevo Consejo Superior, el Pacto Histórico debe comenzar porque cada uno de sus miembros y miembras, revalide el bachillerato. El nuevo Rector nombrado por “las mayorías populares” y profesor de Ciencias Políticas, tiene ante los ojos del mundo la tarea inmediata de hacernos saber cuáles son sus intenciones y responsabilidades sobre la transmisión del conocimiento, sobre el derecho consagrado al disenso e incluso a informarnos sobre la diferencia que existe entre el socialismo y el populismo.