3 marzo, 2024

Primicias de la política, empresariales y de la farandula

Qué lee el maestro Gardeazabal

Gardeazabal

·      Reseña de NACION PIJAO, de Fernando Osorio Cuenca, editado por Ambeima

Perdido en la provincia, en una edición limpia pero modesta de 465 páginas, ha salido un libro majestuoso que debería servir a historiadores y antropólogos, sociólogos y escarbadores de la paz, para entender la razón de ser de un territorio tan marcado por la violencia y el terror como el que precolombinamente fue llamada la nación pijao.

Enmarcada entre el cauce del rio Cauca en el Valle y el cauce del Magdalena en Tolima y Huila, y limitada por los rápidos de Honda al norte y el Quimbo en el sur, a lado y lado de la cordillera central, vivieron unos indios mitificados, perseguidos con saña y violencia por los españoles hasta dominarlos solo con la muerte.

De sus genes lejanos descienden todos los actores de una continuada manera de defenderse que llevó a que existieran La Gaitana y el Cacique Calarcá, pero que allí en esas mismas tierras surgieran Chispas, el Capitán Mariachi o Tirofijo. Que en su seno se levantaran territorios inexpugnables como el cañón del Amoyá, El Davis, Riochiquito o Marquetalia.

Es sobre toda esa nación pijao que este libro aporta referencias históricas incalculables de lado y lado, dividiéndose en tres grandes fragmentos: su historia, su desarrollo y la llegada del café. En sus páginas nos presenta la fotografía que permite entender muchas cosas que ahí han pasado. Saboreando renglón tras renglón hay erudición, sentido de pertenencia por el Chaparral nativo de su autor, que ejerció como gobernador electo del Tolima hace poco, pero en especial un sentido práctico de sastre pueblerino que pone todos los elementos sobre la mesa para que el lector sea quien haga la prenda de vestir. No es entonces un libro teórico. Tampoco un reflejo ideológico.

Con neutralidad pasmosa va desgranando todos los elementos constitutivos de una visión antropológica de la región pijao, a la que los sabios de los últimos años olvidaron estudiar humana y geográficamente para poder entender los fenómenos que desde allí marcaron la historia de este país.

Baste tan solo recordar los nombres del General Melo, de Murillo Toro, de Darío Echandía y de Manuel Marulanda Vélez, Tirofijo.

Escuche al maestro Gustavo Alvarez Gardeazábal.