19 junio, 2024

Primicias de la política, empresariales y de la farandula

¿Qué hay de la demanda ganada para proteger de la deforestación a nuestra Amazonía? 

Claudia Posada

Por Claudia Posada 

Los niños de 48 países de África corren alto riesgo de sufrir los impactos del cambio climático, según un informe de Unicef a propósito de la cumbre regional sobre el clima, celebrada por estos días en Nairobi; la misma que concluyó con importantes llamados de atención a gobernantes de los países del planeta, pero de manera particular a los de naciones ricas, (a más producción y consumismo, más daños ambientales) para que cumplan sus promesas económicas frente a la crisis climática mundial y se comprometan decididamente con las energías limpias. Los infantes africanos fueron clasificados con riesgo “alto” o “extremadamente alto” de sufrir a causa de las consecuencias del calentamiento global según lo alertó el reporte del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef). Los estudios de dicha agencia especializada de la ONU, evaluaron a los países en función de la exposición de los niños a crisis climáticas y ambientales como ciclones y olas de calor. 

Si acaso noticias como ésta no conmueven la sensibilidad de los negacionistas del mundo, mucho menos se podrá creer que prestarán atención, por ejemplo, al grupo de jóvenes españoles saliendo a las calles de su país a clamar por un futuro sostenible. Estos muchachos y muchas chicas con características propias de lideres modernos, piden decisiones resultantes de acuerdos que comprometan a los Estados para actuar desde ya, solidariamente, con las generaciones venideras. Que seamos responsables con respecto a los riesgos que corren por no evitar consecuencias extremas del cambio climático, es su clamor. En ese mismo sentido, para el cierre de la Cumbre del Clima de África (ACS), una veintena de países del continente adoptaron la llamada Declaración de Nairobi, con toda la fuerza del acelerador allí, pues se trata de los riesgos clasificados altos, para los niños del ya y el ahora. 

La Cumbre del Clima de Naciones Unidas de 2023 (COP28), se celebrará del 30 de noviembre al 12 de diciembre en Dubai (Emiratos Árabes Unidos) y tendrá entre sus prioridades concluir el primer balance global del Acuerdo de París. Mientras en Europa hay jóvenes que dedican muchas horas de su tiempo a planear y liderar actividades para movilizar a sus coetáneos -y los no tanto- en defensa del Planeta, en Colombia hay espacios informativos radiales, nocturnos, en los que noche tras noche lanzan calificativos bastante hirientes e irrespetuosos en contra de quienes no piensan como ellos, los conductores de tales programas, en lo que respecta a los distintos aspectos del cambio climático y sus tendencias partidistas; dos cosas que enlazan extrañamente: Le meten ideario político al asunto del cambio climático al suponer -y así expresarlo- que quien sea partidario de los controles a consumos energéticos excesivos y propenda por el control al consumismo, hay que dar por sentado que se trata de un comunista; hablan entonces como poseedores de la verdad absoluta y si tienen invitados, no les hacen preguntas sino planteamientos impositivos, así que reniegan de todo lo que suene a posturas contrarias a la suyas.  

Por otro lado, negando la importancia de la lucha activista de la humanidad por el futuro, sientan a sus invitados -si no les dicen a todo sí, sí, sí- en el que pareciera más bien el banquillo de los acusados, entrevistan no como periodistas (tal vez no lo son) sino que de entrada los juzgan como a reos.  Y lo peor, imprecan a quienes dicen que nuestra Amazonía es para cuidar como un tesoro para el Planeta, aseguran que apenas es un pedacito ahí nada significativo para Colombia pues pertenece a los países vecinos del nuestro por el sur y al Brasil, solamente. 

En Colombia tenemos sectores ideológicos que están mostrando ante la opinión pública, enunciados globales del campo ambiental, expresados por el presidente Gustavo Petro y por algunos de sus ministros y colaboradores, como posturas amañadas de carácter personal, siendo tendencias, más bien, para analizar en el marco del modelo de Estado que nos gobierna en democracia. No deberían mezclarse visiones totalmente ajenas a posturas partidistas y que son de interés geopolítico, con estrategias negacionistas, simplemente porque se pertenece a la oposición. Bien vale la pena, eso sí que, en el momento de analizarse un proyecto de ley para enfrentar el cambio climático, la oposición esté atenta y armada de argumentos tanto objetivos como sólidos, para evitar que se dé lugar a contemplar y consignar sin discutir, inconvenientes reales para Colombia. 

Cuando los jóvenes de los Países Bajos demandaron al Estado por inacción ante el cambio climático, obtuvieron una victoria inesperada: el tribunal ordenó a su gobierno reducir las emisiones de carbono un 25 por ciento para el año siguiente al proceso. Así como en otros países, también aquí hay jóvenes que son presentados ante el mundo como importantes por sus demandas, considerándolas valiosas para tener en cuenta en el manejo estatal de los asuntos relacionados con calentamiento global, sus impactos y consecuencias. En Colombia tuvo lugar otro modelo revolucionario en el campo de lo ambiental, reconocido internacionalmente: 25 jóvenes ganaron su demanda contra el gobierno por no haber protegido la selva amazónica colombiana. 

El tribunal concluyó en ese entonces, que la deforestación vulneraba los derechos de la juventud y de la selva, y ordenó al gobierno reducirla a cero para el 2020. ¿En qué va esto? Que nos lo hagan saber los medios de comunicación conversando con representantes de las comunidades que habitan las selvas colombianas; por igual, qué bueno oír respuestas de voceros que pertenezcan a comisiones públicas relacionadas con el tema; ¿qué dicen los deforestadores? 

Lo mismo, desde luego ¿qué dicen defensores del medio ambiente, en particular aquellos con asiento en el Congreso? Recordemos que ese “pedacito insignificante nuestro” está siendo cruelmente deforestado.