24 febrero, 2024

Primicias de la política, empresariales y de la farandula

Podredumbre política

Misael Cadavid

Por Misael Cadavid MD 

Desde joven he creído que el único mecanismo transformador de la sociedad es la política.

Aún sin cumplir los 16 años cuando ingrese a estudiar Medicina descubrí una dualidad en mi vida y que era a eso a lo que me dedicaría ser médico y político y aquí estoy. No ha sido fácil. He perdido las elecciones a las que me he presentado y muchas veces sentí desfallecer. La derrota trae lucidez y también liberación. Se recupera la libertad cuando menos se espera.

La reacción más sorprendente al fracaso es el alivio. Siempre será inspirador el espíritu de lucha que siempre mantuvieron en la derrota Lincoln, Obama, incluso Belisario Betancur y Alvaro Gómez.

Quienes estamos en la política por convicción, vocación de servicio y sensibilidad social debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para que nos crean, para despertar pasiones y esperanzas en las comunidades, para ejercer un liderazgo pulcro, propositivo, con empatía y con conocimiento.

Infaustamente los ideales más sublimes del quehacer político sucumben ante los desmedidos y malquerientes anhelos de poder desmedido. Estas falencias y carencias nos ayudan a entender por qué nuestro país tiene el dudoso honor de ser el mayor cementerio latinoamericano de partidos políticos.

Tristemente para aspirar a un cargo de elección popular los candidatos tienen que pagar un precio muy alto. En consecuencia, la mercantilización del derecho a ser elegido se convierte en caldo de cultivo que fomenta la corrupción, la deslealtad y la enajenación política.

También es una realidad que en Colombia como en la mayoría de paises latinoamericanos, los partidos políticos son espacios de poder donde resuenan y se imponen las voces del caudillismo cuasi medieval. Ningún partido político se ha interesado en democratizar su estructura organizativa interna, lo que conlleva al predominado del caciquismo. Por esa razón, las cuotas de participación equitativa para las mujeres, las juventudes y la población diversa son derechos que el sistema de partidos políticos se niega a reconocer.  

Por ello, cuando pienso en la podredumbre política que se desenvuelve en medio de la maquinación “terrorista” de hacer de la política el mecanismo idóneo de ascender en la escala social, pienso en el desafío que tiene la ciudadanía de hacer un alto frontal al aprovechamiento egoísta del poder por parte de algunos dirigentes de los partidos políticos.

Uno de los caminos que la sociedad debe emprender es desenmascarar y transformar de raíz a esa politiquería que irrespeta los principios democráticos, carece de proyección histórica y engaña a la ciudadanía con discursos falaces.

A mi modo de ver, toda transformación política de fondo no se logrará en cuestión de meses. De nada sirve conformar nuevos partidos políticos o hacer alianzas o coaliciones entre partidos de izquierda o derecha que prometen ser diferentes, si no democratizan sus estructuras internas. Peor aún si continúan encerrados en sus burbujas, toman decisiones unilaterales e ilusamente construyen discursos que buscan hacernos creer que nos representan a todos. Con ello, cometen los mismos horrores que cuestionan.

En fin, no bastan las buenas intenciones ni los buenos discursos, se necesita tejer una acción estratégica para la formación cívico-ciudadana democrática, pluralista y humanista.

¡A la política hay que devolverle la decencia y hasta el glamour!