3 marzo, 2024

Primicias de la política, empresariales y de la farandula

Moderemos el lenguaje por conveniencia para Colombia 

Por Claudia Posada 

¿Qué es lo que buscan aquellas voces ásperas, desapacibles, al satisfacer sus egos con los resultados que produce la tergiversación de hechos y declaraciones públicas que enredan las interpretaciones convenientes a la tranquilidad ciudadana? Crear confusión es tal vez el fin inmediato, pero en el mediano o al largo plazo, puede llevar al pueblo a tal incertidumbre, desasosiego y miedo, que se desboque con una mínima puya a su capacidad de aguante.  ¿Es eso lo que buscan? 

Es difícil comprender el afán de algunos medios y de voceros de distintas bancadas partidistas, por mantener a la ciudadanía en permanente zozobra; como si no fuera suficiente con la realidad de un país en donde se asesinan a diario lideres sociales y ambientales, a desmovilizados que se acogieron a los acuerdos de paz del expresidente Santos, que estaban dedicados a labores del campo; un país en donde se sigue secuestrando y desplazando; un país en el que no se cuida a los niños con prioridad ni se aplican las leyes más estrictas a quienes los agreden,  en el que tenemos jóvenes desorientados y faltos de oportunidades por la profunda desigualdad que a veces no se quiere reconocer; una Colombia plagada de corruptos que se pavonean como si nada; altos índices de pobreza, y prácticas que involucran en el narcotráfico a colombianos de todos los estratos socioeconómicos.  

Una inmensa mayoría de colombianos tenemos respeto por las instituciones, aunque sucede en éstas que algunos de sus integrantes no se ciñen a los deberes y obligaciones.  De igual manera también hay ciudadanos que no merecen este título porque su indisciplina social es tan reprochable como lo son los intentos aciagos de individuos que el 8 de febrero querían tomarse la sede de la Corte Suprema de Justicia a la fuerza; fue apenas un puñado que, gracias a la valentía de quienes en derecho participaban en el plantón pacíficamente, los controlaron e hicieron posible el fin de sus hostiles intenciones. Lo extraño es que no se cuenten los hechos como son. Tal cual se ve en videos aficionados y como debidamente lo registró El Espectador, las grescas se presentaron según se lee en este párrafo: “…se analizaron los reportes de inteligencia y de la Fuerza Pública en torno a las manifestaciones, pues desde diferentes instancias oficiales se dijo que las escaramuzas de desmanes fueron promovidas, según el Ejecutivo, por infiltrados que quisieron deslegitimar las protestas”. ¿Quiénes están interesados en deslegitimar las protestas pacíficas? Muy posiblemente aquellos que las desvirtúan, aunque se digan demócratas, o los que rotulan de dictadores a quienes se han mostrado respetuosos de los derechos ciudadanos.   

Ah, pero también suena muy poco sensato,  después de los sobresaltos del 8 de febrero causados por la desinformación,  las palabras con las que el expresidente César Gaviria,  con oprobios señala al presidente Gustavo Petro; del mandatario  dijo, entre otras frases alarmantes que: «El presidente Petro está actuando con actos violatorios de la Constitución, no solo se salió del Estado de Derecho sino que estaría incurriendo en actos criminales», y tampoco dudó en afirmar en un comunicado que “El presidente no se está comportando como una persona cuerda, abogamos por su capacidad mental para gobernar a Colombia». Las ignominias no deberían estar en boca de un expresidente de la República. Se ha impuesto tristemente entre la clase política, al igual que lo acostumbran otras figuras (algunas de ellas de las que no se puede esperar más), expresiones toscas, descomedidas y desmedidas que sin duda generan malestar, desconcierto, e incrementan la tensión. El presidente Petro no es perfecto, ningún mandatario lo es, pero ser vilipendiado por personalidades que por igual ostentan altas dignidades, no habla bien del expresidente.  

Se puede decir lo que se quiera para expresar puntos de vista que son opiniones para analizar viniendo de superiores jerarquías, pero es absolutamente innecesario mostrar tal desprecio por el mandatario, ante la opinión pública. Si bien nos es difícil entender que idearios distintos conciben discursos distintos; que como gobernados por un mandatario de izquierda, a menos de dos años de posesionado, puede parecernos que él y sus inmediatos colaboradores todavía no han asumido con  destreza las ejecutorias que el conocimiento da desde adentro, y que les falta lo que habilita la experiencia cuando se tiene una larga trayectoria pública, tampoco se trata de resolver con tanta pendencia y a punta de reyertas, los asuntos que contrarían otras  posiciones. 

Moderar el lenguaje nos haría mucho bien, sin que esto signifique callar lo que se debe decir, ni mucho menos ocultar las certezas que debamos divulgar para conveniencia de todos, en el marco de la verdad y el respeto.