13 abril, 2024

Primicias de la política, empresariales y de la farandula

Las nuevas ciudades y los nuevos actores 

Descripción: escritor

Por Darío Ruiz Gómez 

El actual Rey de Inglaterra, Carlos III se ha interesado desde hace muchas décadas y a  veces con vehemencia de rescatar el Patrimonio arquitectónico de Inglaterra pero con una mirada conservacionista considerando la  arquitectura moderna  como agresiones contra la naturaleza, como agresivos pastiches que deberían ser sustituidos rápidamente por revivals historicistas y un urbanismo que devolviera a las gentes ofendidas por la violencia y la fealdad de las Citys el regreso  a la monotonía de unas inventadas Arcadias.

No lo he averiguado pero estoy seguro  de que ese regreso imposible a un pasado inventado sólo ha conducido a nuevas formas de aburrimiento. Porque nada es más imprevisible que una ciudad sobre todo a partir de las sucesivas crisis económicas que han conducido a nuevas expresiones de la miseria y de la pobreza bajo el modelo neoliberal, a un desarraigo más opresivo, a que los contenidos de ciertos sectores urbanos mostrados en su momento como el triunfo de las nuevas tecnologías  de repente se hayan convertido en sectores fantasmales tal como Ian Sinclair  lo ha analizado en “La ciudad de las desapariciones” su obra maestra sobre la crisis de Londres: proyectos abortados de renovación urbana dominados por la soberbia de los nuevos capitales, el maléfico impacto de unos Juegos Olímpicos, la gentrificación galopante, o sea espacios, relatos sociales en fugaces escenarios arquitectónicos, mapas de la excrecencia social que se han esfumado en el aire con la muerte física de quienes fueron sus actores.

Lo importante es que de esos fantasmagóricos lugares la nueva vida urbana surge y se renueva con otro aliento creativo, la ciudad que llevamos dentro de nosotros no se rinde, los nuevos actores surgen de estas ruinas.

¿Qué podríamos decir entonces de estas desapariciones en Medellín donde las economías urbanas, los grupos de dominio, la permanente renovación de sus grupos sociales es tan acelerada que convierten en fantasmal con una rapidez sorprendente las fachadas arquitectónicas que iban a perpetuarse como la huella de una clase social de privilegiados?

Las oleadas de desplazados que llegan cada día apoderándose de laderas, hondonadas en el espacio de diez años han imprimido a estas invasiones su huella particular cultural renovando la idea de Gueto lo que ha propiciado un gran mestizaje. En diez años pasamos de la violencia que describió Víctor Gaviria en sus películas con sus sicarios sin futuro alguno, a nuevos amos de la violencia que nace de unas estructuras de dominio y manipulación de la población, mientras el capital se ha globalizado y el comercio renace.

¿Había alguien previsto las invasiones de los sin hogar, de camellos que en las grandes ciudades norteamericanas amenazan hoy la subsistencia de la misma idea de ciudad como en San Francisco?

La terrible imagen mental que impone el fentanilo al convertir al ser humano en un zombie no es, a través de estos guiñapos humanos agitándose en el horror de un desvarío total en Filadelfia, ¿el reto que tiene hoy en el mundo el Gobierno de las ciudades para responder al mal absoluto?

Imposible pues el regreso a esas inventadas Arcadias donde no había conflictos económicos y los pobres eran serviles.

¿Cuál puede ser hoy la noción de Planificación urbana cuando la palabra Planeación es totalitaria y por lo tanto desconocedora de los matices y variables que se dan a través de territorios que han definido sus propias centralidades?

¿Qué hacer entonces ante un escenario urbano deliberada y criminalmente abandonado a la ruina y al deterioro como el de Medellín bajo Quintero? Sin un proyecto de ciudad que nazca de un ideal común de convivencia democrática será imposible pensar en una ciudad donde la vida tenga sentido. Menuda tarea la que le espera a Fico.