3 marzo, 2024

Primicias de la política, empresariales y de la farandula

La Doble Moral de la concejal electa Claudia Carrasquilla

Por Equipo de Campaña

En el escenario político, a menudo nos encontramos con figuras que, mientras predican principios y valores, actúan en contradicción con ellos. Un ejemplo reciente y preocupante es el de la concejal electa Claudia Carrasquilla, cuya conducta respecto a las deudas pendientes con su equipo de campaña plantea serias dudas sobre su integridad y aptitud para el cargo que pronto asumirá.

Claudia Carrasquilla, conocida por su activismo en redes sociales y por su apodo de «la dama de hierro», ha sido una crítica feroz de la administración que termina su periodo este 31 de diciembre, a la que no ha dudado en calificar de «bandidos» por sus cuestionables actuaciones. Sin embargo, emerge una ironía amarga cuando se observa su propia conducta. La concejal electa, a pesar de sus promesas y su imagen de justiciera, parece haber olvidado un principio fundamental: el respeto y cumplimiento hacia aquellos que le prestaron sus servicios profesionales durante su campaña.

Las acusaciones no son leves. Honorarios no pagados, tratos desobligantes -sustentados en grabaciones y conversaciones- y de una actitud que roza el maltrato laboral, algo que ya le ha acarreado denuncias en su anterior puesto en la fiscalía. Estas acciones no solo contradicen su imagen pública, sino que también plantean interrogantes sobre su capacidad para manejar asuntos de mayor envergadura en la administración pública.

¿Cómo puede alguien que se presenta como paladín de la justicia y la rectitud, fallar en algo tan básico como honrar sus compromisos financieros? ¿No es acaso igual de repudiable negar el honorario a quienes confiaron y construyeron su proyecto político? De hierro parece tener solo el codo, incapaz de extenderse para cumplir con sus obligaciones.

Esta situación nos lleva a reflexionar sobre el tipo de liderazgo que queremos en Medellín. La ciudad, en su búsqueda de recuperarse de una decadencia moral y administrativa, necesita líderes con una moral intachable, no figuras que prediquen una cosa y hagan otra. La conducta de Carrasquilla, lejos de ser un asunto menor, es un reflejo de cómo podría ejercer su cargo: con una doble moral que pone en duda su capacidad para realizar un control político efectivo y justo.

Los ciudadanos deben recordar que la forma en que se conduce una campaña es un indicativo de cómo se gobernará. En el caso de Carrasquilla, su campaña estuvo marcada por el engaño y la falta de respeto a quienes la apoyaron. Estafar, aunque sea en el ámbito de los compromisos laborales, también es una forma de corrupción.

Aunque hay mucho más que contar sobre este tema, por ahora dejo estas reflexiones en el aire, prometiendo profundizar en futuras entregas.

Es hora de que los ciudadanos y los demás miembros del concejo conozcan la verdadera cara de quienes han elegido para rescatar a Medellín. La integridad no es negociable, y es un requisito indispensable para cualquier cargo público.