Por Rafael Bravo
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‘’This is not an occasion for democratic triumphalism; it’s an occasion for a realistic assessment of authoritarian ineptitude and perhaps instability’’.
‘’Este no es el momento para el triunfalismo democrático. Es una ocasión para una valoración realista de la ineptitud autoritaria y quizás inestabilidad’’. David Brooks columnista conservador
“Las acciones de Putin son un desafÃo a la diplomacia global. Para el lÃder ruso la mayor catástrofe del siglo XX fue el colapso de su paÃs viéndose a sà mismo como el guardián de la recuperación del liderazgo que merece Rusia en el mundo, no importa los medios. En reciente entrevista para la cadena NBC ratifica su versión según la cual usando el poder ‘’ usted debe estar listo para ir hasta el final y lograr los objetivos’’. En otras palabras, en su antagonismo con Occidente su lenguaje es la provocación e intimidación’’.
Las lÃneas anteriores fueron parte de esta columna el 18 de marzo de 2018 titulada Rusocracia, a propósito del envenenamiento de varios disidentes rusos en Inglaterra y el peligro que Putin representa para el resto. El momento y los hechos no podÃan ser más oportunos cobrando plena actualidad. La comunidad internacional, salvo China y unos pocos regÃmenes autoritarios, ha producido una ola de rechazo y porqué no decirlo xenofobia hacia el genocida de Moscú y su gobierno. Bien lo expresó el presidente Biden esta semana quien alega que la lucha entre democracia y autocracia es el principal conflicto de nuestro tiempo.
En épocas recientes las autocracias han venido ganando terreno. Basta citar a Xi Jinping que pudo cambiar a su partido para reelegirse y gracias a la centralización y concentración tener un poder casi absoluto. China ha mostrado que esa autocracia produce prosperidad. Victor Orban en HungrÃa ha socavado lo cimientos de la democracia a través del control de los medios de comunicación y las nulas garantÃas para la oposición. Con polÃticas antinmigrantes impidiendo la llegada de refugiados del Medio Oriente y construyendo muros en la frontera con el argumento de proteger a su paÃs de una toma paulatina de los musulmanes.
En la TurquÃa de Recep Tayyip Erdogan la democracia ha dado paso al autoritarismo luego del fallido golpe de estado de 2016 encarcelando a los presuntos promotores mientras otros prefirieron el exilio. El sueño de ser el lÃder del mundo musulmán no conoce de lÃmites. Un dÃa ataca a Isis y al siguiente negocia con ese grupo terrorista. Lucha contra la Hermandad Musulmana pero también comete crÃmenes contra los Kurdos. Ocupa parte de Siria, pero cuestiona la ocupación israelà en la Franja Occidental.
En este lado del mundo sobreviven los Maduro, Ortega y uno que se va consolidando en El Salvador: Nayib Bukele un nuevo representante de la autocracia bananera que poco a poco va juntando los poderes con la disculpa de acabar con las pandillas y la corrupción que dejaron los gobiernos del FLMN. Se dice que la historia se repite para terminar en tragedia.
El sistema polÃtico norteamericano se ha vuelto disfuncional y sospechoso gracias al autócrata doméstico que ocupó la Casa Blanca en el anterior cuatrienio. Lo que la humanidad contempla estupefacta en Ucrania es la muestra diáfana de las debilidades e ineptitud del autócrata del Kremlin que opera soportado por un cÃrculo cerrado incapaz de contradecirlo. Una propaganda oficial donde la información es sesgada y falaz. Putin llena un estadio de simpatizantes de su guerra mientras su ejército no logra doblegar a las menguadas tropas enemigas.
Por el contrario, en las democracias liberales la gente aspira a unos ideales de libertad y alcanzar su potencial bajo unas leyes y normas compartidas. No impuestas desde arriba por la fuerza. Un libre mercado donde las iniciativas individuales llevan al progreso, no un sistema central que limita la imaginación. En las autocracias esa libertad se sacrifica en aras de un supuesto orden. Los lÃderes demócratas, al menos en teorÃa, responden a sus constituyentes. Los autócratas, en la práctica, están comprometidos con el régimen y su continuidad.
La lección es clara: muy pocos autócratas pueden sostenerse en el poder por largos perÃodos antes de convertirse en tiranos. Los pasos que China ha dado hacia el libre mercado no han dado lugar a una auténtica democracia. Estamos frente a unos regÃmenes que se van desenmascarando y solo es cuestión de tiempo para su final.


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