Aunque parezca un disparate abiertamente inconstitucional, a muchos hijos de esta Colombia inmortal nos encantaría que la Carta Fundamental obligara en adelante a los presidentes futuros a someterse a un “período de prueba”.
Los tan traídos y llevados cien primeros días en el arisco potro —figura que se estrenó en el continente americano en el gobierno del inmolado presidente estadounidense John F. Kennedy— serían tomados como base para que la Corte Suprema de Justicia, en su sabiduría, decida si el mandamás sigue o no sigue en Palacio. Si no es apto, que asuma el vicepresidente, en vía de ensayo, o que, en su defecto, se convoque al pueblo a nuevas elecciones.
No se admitirían amañadas ternas para montar en el solio bolivariano a un presidente ad hoc. El período de los tres meses largos se extendería a los ministros del despacho, ante la ineficiencia de la mayoría de los actuales integrantes del gabinete ejecutivo. Sería completo el cambio de tendido en la alta nómina estatal. (Lea la columna).
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