13 abril, 2024

Primicias de la política, empresariales y de la farandula

Democratura y populismo

Dario Ruiz

Por Darío Ruiz Gómez 

Me llamó la atención que en el despacho de un alto funcionario(a) del Gobierno cuelgue un retrato de Jorge Eliécer Gaitán.

Fuera de las actuales llamadas Autodefensas  Gaitanistas dependientes del Clan del Golfo, el nombre de Gaitán es prácticamente desconocido por parte de la izquierda colombiana y si su nombre  volvió a aparecer en la escena de la vida política colombiana fue en la ocasión del secuestro y asesinato de la hermana de César Gaviria, cuya primaria reacción fue atribuirle el crimen al expresidente Uribe cuando lo cometieron guerrilleros de las FARC y un antiguo militante del movimiento Gaitanista. 

Gaitán quedó para las posteriores generaciones como la imagen más de un líder carismático propio de pueblos subdesarrollados que del dirigente que el país necesitaba para enfrentar el paso que debía darse entre un país rural y un país moderno que necesitaba de una democracia moderna.

A los recuerdos de mi primera adolescencia están adheridas las imágenes pavorosas de una violencia insana que su asesinato a manos del Comunismo Internacional desató con el más grave e insensato derrumbe de las ilusiones de vivir en una democracia, ni economía de mercado, ni tecnificación agrícola, ni urbanización del campo, ni grandes proyectos de educación.

El populismo de Gaitán era más cercano al populismo fascista de Mussolini a quien admiraba que del leninismo preconizado e ilustrado desde entonces por el PCC no como una propuesta de redención ante la desigualdad social sino como nuevas formas de violencia que se fueron enquistando de tal manera en las prácticas políticas que pensar en sobrepasarlas con simples acuerdos de paz entre bandas de asesinos, viene a ser otra demostración más de nuestro infantilismo político sobre todo en esta etapa de un nuevo capitalismo global.

Siembra violencia y recogerás más violencia. ¿Cuántos campesinos han sido asesinados durante este último mes por los despiadados frentes de las “Disidencias”, mientras ¿Francia Márquez mira hacia otro lado?

 “Cuando las ideas populistas pasan a ser autoritarias se entra en una democratura”, recuerda Rosanvallon.  Lo que precisamente Alfonso Guerra acaba de señalar respecto al caso del gobierno de Pedro Sánchez en España, una dictadura blanda que ha ido presentando al sedicioso, al malversador, al terrorista, al violador como ejemplos a seguir, mientras cualquier virtud ciudadana es desprestigiada y perseguida. 

El Pacto Histórico es lo que se llama un Partido Frankestein surgido como una respuesta coyuntural a base de enmascaramientos ideológicos y pactos de silencio para acceder al poder, guardándose de condenar explícitamente el secuestro, el asesinato.

Mantener la violencia, callar la justicia, continuar sosteniendo la guerra en las periferias es la consigna. Herencias de guerras civiles inconclusas y sus secuelas de cainismo este nuevo populismo predica la paz retóricamente, pero la combate secretamente.

Una banda de asesinos surgida de estas prácticas de crueldad no dejará de seguir ejerciéndola ya no bajo consignas políticas sino convertidas en rudo bandolerismo. El populismo como una idiotez social, carece de contenidos sociales, de una ética de la política pues hablan no de las conquistas reales de lo que debe ser un país liberado de la miseria y del dolor sino, que ahora salen a la calle a caricaturizar un gesto  de “protesta” que traerá más violencia y más tristeza: Y eso que apenas estamos comenzando: esperen las Asambleas Populares en barrios y veredas, los Juicios políticos en las plazas públicas, ese momento en que la cordial ciudadana o el candoroso educador(a) se colocarán el uniforme de las nuevas violencias  y saldrán  a las calles a la cacería de “fascistas” tal como está sucediendo en España.