13 abril, 2024

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Crónica # 849 del maestro Gardeazábal: Petro igualitico a Laureano

Gardeazabal

@eljodario @petrogustavo

Las acumulaciones de pleitos, condenas y tumbos que ha ido gestando Petro cada vez se parecen más a las que Laureano Gómez acostumbró al país desde 1923 hasta su muerte.

Con una propuesta traumática pretenden hacen olvidar la anterior. Combinan entonces la genialidad con la ignorancia. El atrevimiento con la torpeza. Y, embadurnando todo de ideología, ocultan la verdadera venganza de clase que los mueve.

Así actuaba Laureano cuando tumbó al señor Suárez o como cuando se sentó con Lleras Camargo a inventarse el Frente Nacional. Así actúa Petro cuando rompe relaciones con la Argentina o cuando vuelve a llamar a conversaciones a la cada vez más robusta y esquiva guerrilla de Mordisco.

Es el mismo modelo paranoico amparado en la derecha fascista para Laureano o en el leninismo para Petro. Y no exagero. Si miramos la propuesta que nos hizo desde Puerto Rellena para generar un sismo constitucional y leemos la decantación en 9 propuestas hilvanadas de reestructuración de la Constitución del 91 que presentó en Semana Santa, estamos frente al inteligente que quiere arreglar la torta, igual a como el caudillo conservador cada que la cagaba.

Petro no da reversa, su soberbia no lo deja. Laureano tampoco. Pero ambos giran hasta 180 o 270 grados asustados de la hecatombe cuando la han formado, pero siguiendo la única filosofía de la vida nacional, la de los arrieros que llevaron y trajeron la patria por los senderos de herradura: “hágale que en el camino arreglamos las cargas”.

No importa lo inteligente o lo torpe de la propuesta. Todas sus ideas tienen posibilidad de ser transformadas. Ya sea amenazando con los pájaros y chulavitas como Laureano o con Mordisco y los del Ejército Gaitanista como Petro.

Escuche al maestro Gustavo Alvarez Gardeazábal

De Laureano salimos con una patria revocada, aunque traumatizada. Con Petro hasta nos ponemos de acuerdo y hacemos otra ANAC, como la de Laureano, nombrada a dedo, para decirle que se vaya, como cree Vargas Lleras.