1 marzo, 2021

Crónica #104 del maestro Gardeazabal: Los católicos de Washington

@eljodario 

El asunto de tener fe se volvió muy importante en los Estados Unidos, que se las daba de ser un país descreído. 

Cuando Trump llegó al poder, los republicanos hicieron gala de hacer campaña entre las iglesias y muchísimos ultramontanos de los estados campesinos hicieron valer sus creencias y su defensa de los elementos derechistas de la fe para crecer el voto por quien pregonaba que primero era América. 

 Ahora, ya después de que ha sido elegido, pero casi nunca durante la campaña, se está resaltando que Joe Biden es un hombre de fe católica, que acude a misa cada 8 días y hace demostraciones no tanto de haber leído la Biblia como a los padres de la Iglesia.  

El hecho de haber pronunciado durante su discurso de posesión una frase completa de San Agustín parecería que le hubiese dado la pista a los que analizan sus convicciones por estos días. Lo curioso es que en ningún momento mientras fue candidato hizo alarde de su catolicismo, ni tampoco desde el Vaticano el papa Francisco, tan populista pero peronista, le hizo saber al mundo que los Estados Unidos iban a volver a tener un presidente católico, como cuando Kennedy fue elegido. Biden se ha limitado más bien a decir una que otra idea de san Francisco de Asís y a portarse con férrea dignidad de monje benedictino, pero revestido de suficiente humildad para poder ser el que quiere ser. Un presidente convencido de lo que hace, pero nunca jamás un mandatario grosero. 

Empero, como ya se sabe que la señora Pelosy, perseguida con tanta saña durante los cuatro años del patán, es también católica, ahora le están sacando en cara a ella su deseo de venganza contra el señor Trump como un pecado que los católicos no pueden aceptar. Y como sin duda la presidente de la Cámara de Representantes es una mujer con bríos sociales al estilo de las encíclicas que pregonaban los papas, le quieren hacer crecer su fe católica para poderla vulnerar los días anteriores al juicio a Trump. Lo que pasa es que la cabeza visible de la izquierda demócrata en la Cámara gringa no es ella, de 81 años, sino la combativa Alexandra Ocasio Cortés, que también es católica.  

Ver para creer, los católicos parecen tener el poder en Washington y el papa argentino calladito.

Escuche al maestro Gustavo Alvarez Gardeazábal.