3 marzo, 2024

Primicias de la política, empresariales y de la farandula

Contracorriente: Todos procurando enterrar la democracia 

Ramon Elejalde

Por Ramón Elejalde Arbeláez 

Una evaluación desapasionada de los hechos sucedidos en la semana que terminan, especialmente lo acontecido en torno a las marchas del pasado 8 de los corrientes, nos deja la triste conclusión que todos, absolutamente todos, estamos enloquecidos derrumbando nuestras instituciones y por consiguiente nuestro estado de derecho, del que nos preciamos de ser ejemplo en América Latina. Pocas son las voces sensatas que se escuchan, talvez la de la Iglesia Católica en cabeza del cardenal Luís José Rueda Aparicio, quien invitó a los confrontados a “que dialoguen, que sean capaces de mirarse, que nos enseñen la resolución de los conflictos a través del diálogo”. Palabras caídas en el desierto, que no merecieron opinión de ninguna de las partes cotejadas, ni de los grandes medios, más interesados en azuzar y en destruir, que en ayudar a recomponer.  

Escribo con mi peculiar sinceridad, pero igualmente con el temor de recibir el rechazo de la derecha y de la izquierda, pero aquí tienen que surgir voces sensatas que llamen a la prudencia y al respeto por la democracia y las instituciones. Muchas lágrimas y sangre les costaron a nuestros antepasados construirla.  

Perdió Gustavo Petro. Pasó de ser víctima de un supuesto golpe blando a ser victimario de la Corte Suprema de Justicia, por acción de una prensa desbordada y parcializada y de errores en el apoyo a una marcha celebrada a destiempo y en lugares que jamás se debieron visitar, como las proximidades al Palacio de Justicia.

Hacer una marcha de esa naturaleza en el día y en la hora que la Corte se reunía para elegir Fiscal General de la Nación, es un error táctico y político de grandes proporciones. Se interpretó como una presión indebida sobre los magistrados. Además, era previsible que infiltrados o ciegos políticos, trataran de forzar situaciones como lánguidamente se intentó, pero que periodistas y medios irresponsables magnificaron, para producir efectos políticos en contra de los promotores de la marcha, entre ellos el gobierno. Nadie se opone a las marchas, nadie se opone a la protesta pacífica. No está bien la presión en medio de una votación y más si esta va precedida por acciones violentas, por mínimas que sean.   

Pierde la Corte Suprema. Llevan cuatro o más meses con una terna de candidatas a la fiscalía, ya se pronunciaron sobre su idoneidad, ya las escucharon y lo único que han realizado son unas votaciones, cuyos resultados, que se han filtrado, dejan a todas luces entrever que están retardando una decisión. Diez votos en blanco y una suma un poco superior distribuida entre las tres candidatas, como si fuera una estrategia dilatoria, donde a veces hasta algunos pocos cambian de voto sin romper el resultado final. Si no gustan de la terna, les queda el camino corto y expedito de devolverla. Este es un tema que tiene algo más de fondo y que aun los colombianos no conocemos, pero que deja un sabor demasiado amargo. No es disculpa la que se viene diciendo en medios y por opinadores, que bajo el mandato del expresidente Uribe Vélez se demoraron diez y siete meses en elegir fiscal. Ese fue un fenómeno completamente distinto y que están escondiendo para justificar hoy lo injustificable: En esa época la Corte tenía un quorum muy reducido y llegó el momento en que este se disolvió completamente por la ausencia definitiva de cerca de ocho o nueve magistrados. Para nombrarlos tuvieron que acudir a un proceso “poco católico” y así destrabar la acción y las obligaciones de la Corte y allí si, elegir al fiscal. Hoy eso no pasa en la Corte, sus magistrados están completos y la dilación es como mínimo, muy preocupante. 

Gustavo Petro debe mermarle al ejercicio del poder por X (Twitter anteriormente) y de responderle a cuanto espontáneo escribe en esa red social y a no apoyar marchas que presionen el ejercicio de las funciones de la Corte Suprema. La Corte debe proceder a elegir, sin más dilaciones a la fiscal o a devolver la terna, si la considera no idónea, que creemos no es el problema, por la altísima calidad profesional de las señaladas. 

Capítulo aparte merecen algunos grandes medios de comunicación y algunos periodistas, dedicados a incendiar, a sobredimensionar, a tratar de exasperar a la opinión pública contra Gustavo Petro. Parecen más una legión de desadaptados y no un grupo de profesionales obligados a informar y no a desinformar.

Deplorable mirar algunos nombres de medios y periodistas que otrora nos merecían respeto y consideración, hoy inexplicablemente llenos de odio y difundiendo exageraciones o mentiras.  

Es necesario que todos recobremos la sensatez, la prudencia, el respeto. Que resplandezca la majestad de la República en su presidente y la majestad de la Justicia en sus cortes y jueces.  

 No vamos bien.