“Hacerse el indio”. Detrás de la expresión de intransigencia se esconde un profundo desprecio hacia las minorías. La discriminación apunta no al sentido racial, tan solo cuestiona el desacierto de la doctrina política que acompaña la movilización de varios grupos étnicos. El problema estriba en restregar la deuda histórica del Estado para desconocer los derechos fundamentales de la mayoría.
En este marco, el chantaje disfrazado de protesta social, exige lo que no quiere un amplio sector de la base aborigen del país que, se siente traicionada, por aquellos que dicen representarlos en el orden nacional y regional. Las distintas razas son conscientes del desequilibrio y el daño que trajo el reconocimiento de los territorios en medio de los desplazamientos forzados, la expropiación, la lucha armada, el inveterado cacicazgo, la ausencia de gobernanza para gestionar sus intereses, el avance estratégico del narcotráfico en las zonas ancestrales y demás aspectos propios de la supuesta autonomía. (Lea la columna).
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