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Por Enrique E. Batista J., Ph. D. (foto)
No hay una didáctica del aprendizaje sino una ciencia del aprendizaje. Aquélla se nutre y vigoriza de esta última, la cual está construida sobre las neurociencias y completada con los avances en distintos campos de la psicologÃa, la genética y la informática con sus desarrollos en el acceso rápido a pertinentes recursos de información, la inteligencia artificial y la realidad extendida XR, entre otros.
El aprendizaje hoy no está limitado, condicionado, restringido o subordinado a un ambiente o contexto especÃfico, sino que lo imprimen las condiciones personales del alumno, la cualificación y creatividad del maestro y también el contexto cultural propio de ellos y el universal.
Se ha resaltado que en el último medio siglo han ocurrido no una sino tres revoluciones digitales paralelas: la genética, la informática y la cognitiva, siendo esta última la de menor desarrollo e impacto. (https://goo.gl/jvoSZ4). El maestro en esta fase del siglo XXI le corresponde facilitar la consolidación de una revolución cognitiva con alto impacto en los progresos de alto nivel de sus alumnos. Bien se ha reiterado que los alumnos de las nuevas generaciones desechan los modos en lo que se les obliga a aprender lo inaprensible por métodos que niegan la importancia, trascendencia y novedad de lo que es necesario y sà desean aprender.  (Véase: https://goo.gl/7cMovn,   https://goo.gl/XwR8s3). (Lea la columna).
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