A quienes están hartos de oír hablar de las objeciones a la ley estatutaria de la JEP, presentadas hace más de 50 días por el Gobierno, discutidas durante tres días seguidos en plenarias de Senado y que volvieron a dividir arbitrariamente al país entre los propaz y antipaz, les tengo una sorpresita desagradable: seguirán oyendo hablar de ellas porque el Congreso no remató su labor frente a su aprobación o rechazo, al no decir claramente si las objeciones fueron derrotadas o no.
Como titularon la mayoría de los periódicos, no se trata de que en el Senado hubo empate y ahora el árbitro será la Corte. La solución de trasladar, ante la falta de acuerdo, el debate del Senado a la Corte Constitucional, para que realice un trámite extraparlamentario, no está contemplada en nuestra legislación, luego no existe.
Siempre que se discute una ley o una reforma constitucional en el Congreso, forma parte integral del proceso legislativo de una y otra cámara que sus directivas digan por cuántos votos fueron aprobadas o desaprobadas las iniciativas, y eso qué consecuencias tendrá. (Lea la columna).
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