@eljodario
Para quienes hicimos la carrera universitaria en Cali, y en especial para los que estudiábamos en la inolvidable y hasta ahora inimitable Facultad de FilosofÃa, Letras e Historia, el eje central en aquellas épocas sin internet ni fotocopiadoras, era la LibrerÃa Nacional. Debà haber llegado a ella hacia 1964 y me volvà asiduo de sus estantes manoseables por cualquier cliente y de sus jugos y sus helados de la cafeterÃa donde nos citábamos a descuajar lo que no habÃamos leÃdo. Cuando fui entrando de lleno a la lectura, comencé a distinguir a don Jesús Ordoñez, su dueño, enjuto, con gafas de sabio y con una cara de seriedad casi que absoluta donde ocultaba siempre la risa, pero le daba poderÃo a su fama de lector. Le debÃa causar cierta complacencia verme sentado una y otra vez con el doctor Mario Scarpetta, el jurisconsulto de los Eder tomándonos un tinto que yo, pese a ser estudiante, le pagaba con gusto a ese viejo genial, pero avarÃsimo. Y como siempre terminábamos comprando alguna de las novelas policÃacas en que Scarpetta era experto, algún dÃa se sentó a la mesa para indagarnos. Unos años después, cuando comencé a abrirme paso públicamente como escritor, un dÃa mientras yo veÃa los estantes, se arrimó a mostrarme un ejemplar de la mitológica revista Mundo Nuevo de ParÃs, en donde me habÃan publicado tres de mis cuentos premiados en España y que yo aun no conocÃa que lo habÃan hecho. Debà haberlo mirado con la   enorme satisfacción y gratitud que le fui cogiendo más y más y que rubriqué al máximo cuando a comienzos de 1972 se aventuró y trajo a Colombia los primeros 300 ejemplares de Cóndores desde Barcelona y los vendió en una tarde. La edad, la distancia y los caminos separados me lo volvieron esporádico para haberle podido renovar mi gratitud. PreferÃa entonces hacerlo con Felipe Ossa y Aura Bustamante, sus manos derechas a quienes veÃa, y sigo viendo, como el totem de ese viejo sabio, lector como pocos, quien hace 80 años fundó la LibrerÃa Nacional para que hoy en Cali y en Bogotá, en Barranquilla y en Pereira, en MedellÃn y en no sé dónde más ciudades han soportado estoicamente el chaparrón de la pandemia. Estoy seguro que hoy también, en lo profundo de sus espÃritus, muchÃsimos autores y lectores que han vendido o comprado sus libros en la Nacional a lo largo de estos 80 años, deben celebrar con gratitud vibrante la gesta del irreemplazable Don Jesús Ordoñez y se unirán conmigo en un aplauso largo y emocionado.



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