@petrogustavo
Está claro que el presidente Petro no mide el tema de los derechos humanos con el mismo rasero.
Para defender su actitud cómplice con el dictador Nicolás Maduro en Venezuela, le cantó la tabla al sátrapa de Nicaragua, Daniel Ortega, a quien le dijo que arrastraba los derechos humanos de los pobres en su país.
Petro no ha sido capaz de modular palabra con el tema de los más de 3 mil detenidos miembros de la oposición en Venezuela, luego de robarle las elecciones a Edmundo González.
En cambo rompió relaciones con Israel y suspendió la exportación de carbón a ese país, por la persistente violación de los derechos humanos de los palestinos.
Pero no le importan los derechos humanos de los venezolanos. Su amigo el dictador se robó las elecciones, y Petro no ha sido capaz de condenarlo. Le ha faltado el valor que le sobra a Lula da Silva. Pero recibe en silencio las lisonjas que le envía el dictador día a día.
La semana pasada Alvaro Leyva estuvo en Caracas reunido con la cúpula del dictador. Y Petro y su canciller Luis Murillo, en silencio. Quién sabe si esa visita fue con su venia.
Ahora el vicecanciller Jorge Rojas Rodríguez también estuvo en Caracas, se reunió con el gobierno del dictador y dijo que Venezuela es el mejor estratega de Colombia, y que el intercambio con ese país ya alcanzó 800 millones. El crecimiento económico marcará el futuro de las relaciones binacionales, dijo.
O sea, que acá no hizo lo mismo con Israel. En Venezuela importan los principios de los derechos humanos, sino otra clase de intereses, como la amistad del presidente con el dictador.


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