15 julio, 2024

Primicias de la política, empresariales y de la farandula

Vivimos en una democracia que vamos a conservar, no nos dejemos enredar

Por Claudia Posada 

“Thomas H. Marshall (citado por el PNUD, 2010 p. 33) categorizó el ejercicio de los derechos de ciudadanía en tres conjuntos: Ciudadanía civil: Se compone de los derechos para la libertad individual: libertad de expresión, pensamiento y religión, derecho a la justicia y derecho a la propiedad y a establecer contratos válidos. Ciudadanía política. Consiste en el derecho a participar en el ejercicio del poder político como miembro de un cuerpo investido de autoridad política o como elector de sus miembros. Ciudadanía social. Abarca todo el espectro, desde el derecho a un mínimo de bienestar económico hasta el de compartir plenamente la herencia social y vivir conforme a los estándares predominantes en la sociedad. En los textos de derechos reconocidos por las Naciones Unidas, estos son denominados «económicos, sociales y culturales». Este referente hace parte del contenido que nos presentan de su investigación: “La participación democrática en Colombia: un derecho en evolución”, Jhoan Andrés Hurtado Mosquera  y Lisneider Hinestroza Cuesta, de la cual retomaremos algunos conceptos que contextualizan aquella parte de la Constitución colombiana en la que se contemplan herramientas de participación ciudadana en las que deberíamos recabar para un mejor ejercicio de algunos derechos que nos asisten. 

En consideración a que “…la participación ciudadana es un derecho indispensable para el funcionamiento del sistema democrático”, es por lo que las iniciativas ciudadanas que impulsan, por ejemplo, Referendos, no deberían ignorarse caprichosamente, desde luego se trata de partir de análisis y reflexiones que nos permiten evaluar la conveniencia o no de tales propósitos. Por estos días se inició en Antioquia (arrancó exactamente en La Alpujarra como sitio de la Sede Administrativa Departamental) la recolección de cuatro millones de firmas, primera etapa para sacar adelante la decisión de reformar nuestra Constitución en cuanto al punto específico que señala la autonomía regional. Sus impulsadores expresan la necesidad de que se tenga menos sometimiento al centralismo, de manera que las regiones tengan autonomía fiscal y financiera; así, los recursos van allí para ser manejados regionalmente. Obviamente existen los temores que no son un invento, tristemente la realidad es que vemos recursos “envolatados” en las esferas nacionales; se pretende entonces tener más control a mano y desde luego mayor inversión de acuerdo con planes y programas para los territorios departamentales. También, por el mismo desgreño fruto de la corrupción en todos los niveles en los cuales se originan hechos conocidos, el ciudadano del común teme asumir su papel participativo en procesos bien intencionados porque posteriormente terminan, no pocas veces, siendo letra muerta.   

“A partir de la entrada en vigencia de la Constitución de 1991, Colombia reconoce la participación ciudadana como un valor constitucional, un principio fundamental y como uno de los fines esenciales del Estado, transformando el sistema político imperante a la fecha y avanzando significativamente en la construcción de un modelo de Estado donde la ciudadanía, las regiones y las minorías juegan un papel fundamental en la definición del destino colectivo”, dice el resumen introductorio a lo expuesto por los dos investigadores, expertos mencionados aquí al comienzo. “Valor constitucional”, “…construcción de un modelo de Estado…” y “… definición del destino colectivo”, los hago relevantes simplemente para llamar la atención en principios que deberían estar en la mira de los colombianos que rechazan sin fundamento, toda idea de Reforma Constitucional cuyo aliento o invitación provenga de quienes no son de sus afectos, llámese mandatario, líderes políticos o representantes de fuerzas ciudadanas contrarias a sus avenencias. Aunque haya una oposición radical que, en Colombia, está jugando con la definición de “destino colectivo”, bien sea porque saben que existe el desconocimiento del “valor constitucional” o precisamente porque hay minorías manipulables que se vuelven voces con mucha resonancia en redes sociales, y los rumores se propagan para causar el impacto que ante la opinión pública buscan los opositores,  creo que mover asuntos de tantísima trascendencia como las reformas de todo tipo, exitosas o no, han posicionado en mentes antes dormidas por las desilusiones, discriminaciones o ruidos perturbadores, reflexiones que son excelentes elementos para poner en marcha acciones ciudadanas que,  al tomar conciencia de que debemos pasar de la representación política –decepcionante- a ejercer el  derecho a la participación democrática,  abren el camino a la “transformación del sistema político” y social para el bienestar colectivo. 

Suena manida la frese “bienestar colectivo”; lástima, porque está contemplada explícitamente en los deberes de quienes nos representan gracias al voto ciudadano, no lo olvidemos. Y es que en boca de aquellos que transpiran mentiras sin sonrojarse, riendo a carcajadas porque siempre parten de que el pueblo es ignorante, lo cual es absurdo pues no hay tal, son otras las causas de la apatía ciudadana. No es simplemente el cansancio de luchas estériles, es la desesperanza y hasta el miedo que inculcan perversamente; sentimientos que se curan con el ejercicio de los derechos que pretenden arrebatarnos para fines particulares. ¿Por qué llegan a las esferas de poder y decisión los mismos? Sencillamente porque estos tienen sus maquinarias aceitadas con prebendas, burocracia y jugosos contratos. Vender el voto es perpetuar la injusticia social, es menguar la posibilidad de oportunidades para quienes las necesitan y merecen; marginarnos de procesos, como las elecciones democráticas, por ejemplo, es convertirnos de alguna manera en cómplices de los manipuladores y corruptos; dejarnos llevar de babosadas irrespetuosas como aquellas banderas que gritan “Hacemos oposición porque amamos a Colombia” es iluso. ¡No hay tal amor! Amamos a nuestra patria los que trabajamos con honestidad, criamos hijos decentes, cuidamos a la familia y a nuestro entorno; y no buscamos estar en la política para enriquecernos.   

“Hablar de participación ciudadana, lleva implícito tener presente el concepto de democracia. En su sentido más elemental la democracia significa, el gobierno del pueblo. Como lo afirma Sartori (1993) el contenido etimológico de la palabra democracia traduce literalmente poder (tratos) del pueblo (demos). De esta conjunción proviene el sentido clásico de democracia entendida como entidad política, forma de Estado y de Gobierno”. Vivimos en una democracia y la vamos a conservar si actuamos todos en consecuencia con los derechos: «económicos, sociales y culturales”. No nos dejemos enredar.