Por Gabriel Zapata Correa
Debe ser muy triste para nuestro autoritario mandatario que no gobierna, tener que aceptar que quedará escrito en la historia de Colombia, y la historia no perdona, que nuestro país tuvo un presidente antes de Trump y otro presidente después de Trump.
Antes de Trump, un presidente con aires de dictadorzuelo; laxo y cómplice de las bandas de traquetos criminales con quienes pactó acuerdos para llegar a la Presidencia de la República; un presidente que cedió con brazos abiertos extensos territorios a los traquetos para inundar el país de sembrados de coca; un presidente débil en su lenguaje para repudiar los crímenes de estos bandidos terroristas contra militares, policías y la población civil; un presidente cómplice, doblegado y dilecto amigo del dictador ahora extraditado Nicolás Maduro, a quien nunca fue capaz de criticar por haberse robado las elecciones, ni condenar por la permanente violación de los derechos humanos y mucho menos de pedir la liberación de decenas de presos políticos. Un Petro violento en su lenguaje con un discurso vergonzoso, muchas veces basado en mentiras y engaños para tratar de sostener sus falsas teorías progresistas.
Este Petro es muy distinto al que fue a Washington, como lo califica el expresidente Uribe, mansurrón, a doblar la rodilla e inclinar la cerviz y a tragarse todas las palabras violentas con las cuales descalificó siempre al emperador de Estados Unidos.
Allí acudió solícito, y por primera vez en su historia de presidente llegó con diez minutos de anticipación a la cita que le impuso el emperador. Por primera vez en su cuenta de X no hubo una frase desobligante, un verbo o un adjetivo irreverente contra el mandatario ante el cual iba a doblegar sus principios ideológicos. Un presidente mansurrón que llegó a escuchar órdenes, agachado, y entregado al imperio como nunca él se imaginó que le tocaría inclinarse y tragarse tantos sapos de todos los tamaños.
No había terminado su viaje el mansurrón por Estados Unidos, cuando la Fuerza Aérea ya estaba bombardeando un campamento del ELN en el Catatumbo. ¿Cuándo el Petro antes de Trump se iba a imaginar que iba a tener que bombardear al ELN? ¡Jamás!
Pero hay otro detalle mucho más relevante del Petro antes de Trump y el Petro después de Trump. Y tiene que ver con sus relaciones con el encargado de negocios de Estados Unidos en Colombia, John McNámara, quien regresa a su país.
Durante los primeros días de diciembre de 2025, el presidente Petro, publicó un mensaje en X, en el que arremetía con dureza contra el alto funcionario diplomático de la administración de Donald Trump.
En la publicación, el jefe de Estado afirmó: “Mientras emborrachen mucho al enviado especial de los EE. UU. en las fincas de Rionegro, en haciendas con aguardiente y con caballos de paso fino, no podrá contarle a su presidente Trump que la acumulación de capital se hizo en Colombia con sangre de la gente trabajadora”.
Y en otro de los apartes expresó: “El enviado de EE. UU. en Bogotá debería despertarse; lo emborrachan con salsas y fiestas y lo comprendo, es el embrujo de Colombia y su belleza, pero ojo, todo colombiano despabila, debe entender lo que pasa aquí para que sea buen oído y visión de su gobierno. Despabile y busque la realidad; como lo puede comprobar en el caso de Santiago Uribe Vélez, termina es abrazado con los narcoterroristas y bebiendo con ellos. Espero sus servicios de inteligencia sean buenos, para que le aparten de esa gente que va a las fiestas; hay que saber mucho para meterse con gente rica en Colombia, no vaya a ser que termine como dice Trump, con narcoterroristas de verdad”.
“Si el enviado de EE. UU. se emborracha con la gobernanza paramilitar, no va a hacer un buen trabajo para que lo recuerden. Haber dejado que metieran en la lista Ofac al presidente del país que lo acoge y que le dio la mano es preocupante. No logró que su presidente conociera los datos reales de nuestra lucha contra el narcotráfico ni nuestra historia. Dejó que engañaran a su presidente los mismos narcoterroristas de Colombia. ¡Qué mal! Para los EE. UU. y para Colombia. Por eso terminan cometiendo errores donde se derraman litros de sangre humana”. Este era el Petro antes de Trump.
Porque el Petro después de Trump escribió ante la despedida del John McNámara un mensaje en el que llenó de halagos al funcionario de Estados Unidos:
“Lo despediremos como amigo, ha ayudado John en un momento bastante difícil, y sé que lleva a Colombia en su corazón. Espero que pronto Colombia tenga un embajador en propiedad de los EE. UU”. Y claro, ya recibió 145 vehículos blindados para combatir a las bandas criminales.
El mansurrón no se quedará así. Con seguridad que este mandatario, guiado por el odio y la sed de venganza, no se quedará de brazos cruzados. No se despojará de su piel de lobo. Se desquitará con la oposición y con los territorios que no son de sus afectos. Arrodillado ante el imperio del norte, pero orgulloso y vengativo con los colombianos.


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