17 enero, 2022

Primicias de la política, empresariales y de la farandula

Vistazo a los hechos: El alcalde busca satisfacer sus venganzas personales con Hidroituango

Gabriel zapata

Por Gabriel Zapata Correa

Una cosa son los apetitos burocráticos, las ambiciones personales y las ínfulas de venganza del alcalde Daniel Quintero, y otra los intereses de los antioqueños y de los colombianos. Una cosa es su aspiración sin límites a satisfacer sus insaciables desbarajustes sicológicos por sus resentimientos sociales, y otra el presente y el futuro de una ciudad como Medellín y los intereses del país. 

Esta es la complicada dicotomía que no ha podido entender el alcalde de Medellín, cuyas decisiones tienen en alto riesgo la seguridad energética de los colombianos, por cuenta de decisiones más personales y políticas que técnicas y razonables sobre el presente y futuro del proyecto energético más importante en la historia del país. 

En otras palabras, el alcalde Daniel Quintero puede pasar a la historia como el hombre que prendió el botón para iniciar la producción de 17 megavatios de energía para todo el país, o el personaje que va a generar una de las peores crisis energéticas de que se tenga memoria en Colombia. 

Pese a la clara y sólida posición del presidente Iván Duque y del gobernador de Antioquia, Aníbal Gaviria, sobre la necesidad indefectible de no detener ni aplazar por un solo día el proyecto Hidroituango, para que pueda generar energía a finales del primer semestre de 2022, el alcalde persiste e insiste en cambiar a los contratistas, con lógicas nefastas consecuencias en el desarrollo de la obra, cuya ejecución va en el 83,5%, según dato oficial de EPM, la empresa constructora. 

El tiempo apremia para Hidroituango y la nación. Pese al fallo de primera instancia de la Contraloría General de la República y su condena fiscal a 26 funcionarios y empresas involucradas en el desarrollo de la obra, no es un contrasentido que el presidente Duque y el gobernador Gaviria insistan en el mismo argumento. Que sigan las investigaciones, insisten. 

Pero Duque insiste en que “La situación en Hidroituango debe alejarse del campo político y, en su lugar, debe resolverse con el pago de las pólizas…. Aquí lo que ocurrió es un siniestro y lo que tiene que operar es que las aseguradoras cumplan con el pago de las pólizas, reconociendo el siniestro”… Y a paso seguido añadió: Poner en riesgo la ejecución del proyecto, así sea un solo día, puede tener repercusiones graves para el país (…) Se requiere que la obra tenga continuidad. No podemos estar jugando a la incertidumbre”. 

Y para no dejar dudas, en otro escenario aquí en Medellín, el presidente Duque volvió a insistir: 

“Aquí lo que ocurrió es un siniestro y lo que tiene que operar es que las aseguradoras cumplan con el pago de las pólizas. Aquí no podemos estar improvisando como país, poner en riesgo la ejecución del proyecto, así sea un solo día, puede tener repercusiones graves para el país”. 

Y el gobernador Aníbal Gaviria, quien también ha sido coherente en esta posición, ha dicho que “tenemos que unirnos para terminar Hidroituango, para que entre en operación y deje de ser una contingencia para la región y genere recursos y que paguen las compañías de seguros, como lo han venido haciendo”.  

La verdad es que el alcalde Daniel Quintero nunca se ha referido a las palabras o a las exigencias del Gobierno del presidente Duque, en el sentido de que el proyecto no puede someterse a riesgos de postergaciones o aplazamientos. 

Solamente le respondió al gobernador Aníbal Gaviria, un día antes de la visita del presidente Duque al Suroeste, cuando aquel insistió en que a solución es que las aseguradoras paguen. Quintero envió el siguiente Twitter: 

“No señor Gobernador, no es un problema de seguros. Es un problema de dignidad. Que los responsables paguen por sus daños y no los ciudadanos. Seguros no cubren mil millones de dólares en daños (4 billones) ¿Por qué lo deberían pagar los ciudadanos?” 

Aunque no hay una referencia directa al presidente Duque, las acciones de los últimos días plantean un enfrentamiento del alcalde con el Gobierno, con la exigencia de EPM a las firmas constructoras que informen cuáles son las empresas que van a recibir la cesión de las obras, en el caso eventual de que la Contraloría ratifique en segunda instancia la condena fiscal. Y el gerente de EPM, Jorge Carrillo, fue claro en el Concejo de la ciudad, diciendo que esa decisión de remplazar a las constructoras va porque se les vence el contrato el 31 de diciembre. 

Si el alcalde Quintero cumple su propósito, el daño a Hidroituango y al país será irreversible, aunque él sacie sus deseos de venganza y de satisfacer sus resentimientos sociales.  

Ese será el Daniel Quintero que pasará a la historia, y será su mejor huella como alcalde de Medellín.