11 enero, 2026

Primicias de la política, empresariales y de la farandula

Trump va con todo por el petróleo venezolano

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Jose Hilario Lopez

Por José Hilario López 

El presidente Donald Trump afirmó el 4 de enero de 2026 que un objetivo central de la reciente operación militar en Venezuela era poner el sector petrolero del país bajo control estadounidense y dar a las compañías petroleras estadounidenses la capacidad de reconstruirlo, con esto reafirma lo dicho en su conferencia de prensa del pasado 2 de enero. “Las compañías petroleras (estadounidenses) van a intervenir y reconstruir su sistema” (… ). “Fue el mayor robo en la historia de Estados Unidos. Nadie nos ha robado nunca nuestra propiedad como ellos (los venezolanos). Nos arrebataron nuestro petróleo. Nos arrebataron la infraestructura, y toda esa infraestructura está podrida y deteriorada, y las compañías petroleras van a intervenir y reconstruirla”.

Las acciones militares del gobierno estadounidense, la captura de Nicolás Maduro, y los comunicados de la Casa Blanca han dejado clara la intención de Trump de tomar control de la mayor reserva conocida de crudo del planeta, y plantea un gran debate internacional sobre el futuro de Venezuela, sus recursos naturales, y las implicaciones en el orden político y los mercados internacionales.

Las enormes reservas petróleo de Venezuela

Venezuela cuenta con reservas cuantificadas de 303.000 millones de barriles de petróleo, lo que supone aproximadamente una quinta parte de las reservas mundiales, según la Administración de Información de EE. UU. Se trata de la mayor reserva conocida de hidrocarburos del planeta. Nuestro vecino hoy produce alrededor de un millón de barriles de petróleo al día, volumen que solo representa el 0,8 % de la producción mundial de crudo. Esto es menos de la mitad de lo que producía antes de que Maduro tomara el control del país en 2013, y menos de un tercio de los 3,5 millones de barriles que bombeaba antes de que el régimen socialista llegara al poder en 1999. Las sanciones internacionales impuestas por EE. UU. al gobierno venezolano y una profunda crisis económica contribuyeron al declive de la industria petrolera del país, como también lo hicieron la falta de inversión y de mantenimiento de la infraestructura.

El tipo de petróleo, crudo pesado y ácido – que posee Venezuela – requiere equipos especiales y un alto nivel de destreza técnica para su producción y refinación. Las empresas petroleras estadounidenses tienen la capacidad de extraerlo y refinarlo, pero se les ha restringido la posibilidad de hacer negocios en el país.

El Gobierno de Estados Unidos ha impuesto sanciones a Venezuela desde 2005.  En el 2019, la primera administración Trump bloqueó efectivamente todas las exportaciones de crudo a Estados Unidos de la petrolera estatal Petróleos de Venezuela.  Años después en 2022, el entonces presidente Joe Biden concedió a Chevron un permiso para operar en Venezuela como parte de un esfuerzo por reducir los precios de la gasolina; licencia que Trump revocó en marzo pasado, pero que posteriormente volvió a conceder con la condición de que ningún beneficio fuera a parar al gobierno de Maduro.

¿Por qué Estados Unidos quiere el petróleo venezolano?

Estados Unidos produce más petróleo que cualquier otro país en la historia. Pero aun así necesita importar petróleo, especialmente el que produce Venezuela.  Esto se debe a que Estados Unidos produce crudo ligero y dulce, que es apto para fabricar gasolina, pero no para mucho más. El crudo pesado y ácido, como el de Venezuela, es crucial para determinados productos que se fabrican en el proceso de refinado, como el diésel, el asfalto y los combustibles para fábricas y maquinaria pesada.  El diésel escasea en todo el mundo, en gran parte debido a las sanciones impuestas al comercio internacional del petróleo venezolano.

Según la International Energy Agency (IEA, por sus siglas en inglés), en septiembre de 2025 EE. UU. importaba 102.000 barriles diarios de Venezuela, volumen éste que palidece en comparación con los 254.000 barriles diarios importados de Arabia Saudita y los 4,1 millones de Canadá. Durante décadas, EE. UU. dependió mucho más del petróleo venezolano de lo que lo hace actualmente.

Venezuela está cerca de EE. UU. y su petróleo es relativamente barato, debido a su textura viscosa y fangosa, que requiere un proceso especial de refinación. La mayoría de las refinerías estadounidenses se construyeron para procesar el petróleo pesado de Venezuela y son mucho más eficientes cuando utilizan petróleo venezolano, que cuando utilizan petróleo estadounidense, según afirma Phil Flynn, analista senior de mercados de Price Futures Group.

El futuro del petróleo venezolano en la era post Maduro

La intervención militar y política de E.E.U.U. en los asuntos de un país soberano, como Venezuela, un ominoso acto de piratería, merece el rechazo de la comunidad democrática mundial, así como de los organismos multilaterales que deben velar por el acatamiento del derecho internacional y de los principios de no intervención, que parecen haber claudicado ante la avalancha de una potencia mundial, que cada día sorprende más a la opinión pública mundial con su errática agenda de combinación de  intervención militar y política, como herramienta de control de los recursos naturales de países objetivo. 

Bajo el panorama de intervención política estadounidense y control de sus recursos energéticos, la apertura del petróleo venezolano al mundo podría beneficiar a EE. UU. y a sus aliados y, potencialmente, a la economía venezolana.  A mediano plazo, la renovación de la industria energética venezolana y su integración a los mercados internacionales, sugieren que Venezuela podría convertirse en un mayor proveedor de petróleo, y crear oportunidades para las empresas petroleras occidentales.  Asimismo, la nueva oferta también podría regular el precio internacional del crudo, aunque los precios más bajos podrían desincentivar a algunas empresas estadounidenses a producir más crudo.  Según el citado analista Flynn, “Si tuviéramos un gobierno legítimo en Venezuela para dirigir las cosas, eso abriría el mundo a un mayor suministro (de crudo), reduciendo el riesgo de subidas de precios y escasez. Sería algo enorme si pudiéramos revitalizar el mercado petrolero venezolano”.

Pero no todo luce favorable a la pronta reactivación de la producción petrolera en Venezuela.

Fuentes de la industria petrolera estadounidense recientemente han declarado a CNN, que es poco probable que sus empresas se lancen de cabezas a Venezuela por múltiples razones: el panorama político de este país sigue siendo muy incierto, la industria petrolera venezolana está en ruinas y Caracas tiene un historial de incautación de activos petroleros estadounidenses. Quizás el mayor problema sea que los precios del petróleo son demasiado bajos hoy en día, como para justificar la inversión de las enormes sumas de dinero – decenas de miles de millones de dólares-que se necesitarían para reactivar la decadente industria petrolera venezolana.

Para que Venezuela recupere su esplendor de finales de la década de 1990, cuando producía más de 3 millones de barriles diarios, la inversión total en capital requerida por el sector de petróleo y gas tendría que alcanzar la asombrosa cifra de US$ 183.000 millones hasta 2040, según el análisis de Rystad Energy(1). Si un gobierno bajo la órbita de EE. UU. llegase a consolidarse en Venezuela, esa enorme inversión sólo se justificaría por las ventajas geopolíticas favorables a la gran potencia del norte, lo cual le significaría para este país asumir, total o parcialmente, dichas inversiones.

El control del petróleo venezolano fortalecería el poder geopolítico de EE. UU. en los mercados energéticos globales, requerido para debilitar el avance de China y sus aliados BRIC´s (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), ahora ampliados con nuevos miembros como Irán, Arabia Saudita, Egipto, Etiopía, etc.).

Empecemos por el caso China.

Neil Shearing, economista jefe de la consultora británica Capital Economics, en declaraciones del pasado 5 de enero a swissinfo.chafirmó que “Venezuela se había convertido en el aliado más fiel de China en Latinoamérica, una postura que generaba malestar en todo el espectro político en Washington”. Mas adelante agregó: “Si (en Venezuela) surge un Gobierno alineado con EE. UU., supondría que otro importante productor de materias primas se aleja de China para volver a acercarse a E.E.U.U.”, refiriéndose a la aproximación de posturas de Washington con Arabia Saudí en los últimos meses.

Ahora en caso Rusia.

El petróleo ruso es similar al de Venezuela, por lo que India y China siguen dependiendo en gran parte de esta fuente, a pesar de las sanciones internacionales diseñadas para paralizar la capacidad de Moscú de financiar su guerra en Ucrania. Aumentar la capacidad de producción venezolana podría suponer una alternativa al petróleo ruso, lo que debilitaría, aun mas, la economía de Rusia y su capacidad para librar la guerra en Ucrania.

(1)(https://cnnespanol.cnn.com/2026/01/05/venezuela/trump-industria-petroleo-maduro-chevron-analisis-trax).

P.S. Durante las últimas décadas, China ha sido un financiador clave para la industria petrolera venezolana, que este país ha estado amortizando mediante entregas estimadas en 600.000 barriles diarios durante 2025. Según la revista estadunidense Forbes, las devoluciones pendientes de la deuda asumida por Venezuela con China totalizan unos19.000 millones de dólares, que en sana lógica deberán serian asumidas por EE. UU., el nuevo dueño del petróleo venezolano. Falta ver cómo se resolvería esta situación entre las dos superpotencias.