30 octubre, 2020

Primicias de la política, empresariales y de la farándula

Todo plan B siempre es bueno…

(Inmunidad de Rebaño y protección enfocada) 

Por Misael Cadavid. MD  

Definitivamente se debe alertar de los efectos negativos de los cierres, bloqueos o confinamientos generalizados y se debe avanzar en un modelo enfocado en las personas más susceptible o vulnerable de morir por el SARS-CoV-2. 

Las políticas de confinamiento realizadas en los últimos 8 meses, están produciendo efectos devastadores en la salud pública a corto y largo plazo. 

Las consecuencias (por mencionar algunas) incluyen tasas de vacunación más bajas, empeoramiento de las enfermedades cardiovasculares, menos detecciones de cáncer y el deterioro de la salud mental, lo que conducirá a un mayor exceso de mortalidad en los próximos años y muestra fehaciente de esto es que solo 1 de cada 4 pacientes en UCI se debe al Covid 19, los otros son el efecto de enfermedades crónicas descompensadas durante la cuarentena, es además la clase trabajadora y los miembros más jóvenes de la sociedad sobre quienes recae el peso más grande de estas medidas de confinamiento. 

Es por esto que más de 12 mil científicos de todo el mundo crearon un manifiesto contra el confinamiento de la población como medida para evitar la propagación del Covid-19, es conocida como La Declaración de Great Barrington (por la ciudad estadounidense en donde se firmó). 

La declaración, manifiesta que las políticas de cierre podrían tener más efectos negativos que positivos, y propone un nuevo modo de abordar la gestión de la pandemia. 

La postura de todos estos expertos ha encendido aún más un debate que ya estaba sobre la mesa y que ha ido en aumento conforme pasan los meses y es evidente el agotamiento de la gente , así como el deterioro de las condiciones de vida no solo por el brote de coronavirus, sino por los mecanismos para atajarlo. 

Por ello, se debe abogar por proteger a las personas más vulnerables mientras los demás crean la polémica “inmunidad de rebaño”. 

La manera más humana de abordar esto, midiendo los riesgos y los beneficios de alcanzar la inmunidad de rebaño, es la de permitirle a aquellos que están bajo un mínimo riesgo de morir, vivir sus vidas con normalidad para alcanzar la inmunidad al virus a través de la infección natural, mientras se protege mejor a aquellos que se encuentran en mayor riesgo. 

Este es el enfoque Protección Focalizada, y es que afortunadamente, nuestro conocimiento sobre el virus está creciendo. Sabemos que el riesgo de muerte por Covid-19 es más de mil veces mayor en las personas ancianas y débiles que en los jóvenes. 

Y es que a medida que se desarrolla inmunidad natural, el riesgo de infectarse que todos tenemos, incluyendo los más vulnerables, desciende. 

Sabemos que todas las poblaciones eventualmente alcanzarán la inmunidad de rebaño, es decir, el punto en el que la tasa de infecciones nuevas se mantiene estable, y que además esto puede beneficiarse (pero no depende) de una vacuna, por lo que poner todas las esperanzas en su desarrollo definitivamente no es el camino más acertado. 

Se deben proponer medidas concretas, como que los ancianos vean a su familia preferiblemente en exteriores en lugar de interiores y la realización de test frecuentes entre los visitantes y el personal de los ancianatos y aquellos que tengan inmunidad deben dejarse trabajando en los centros asistenciales. 

Aquellos que no son vulnerables, deben continuar su vida normal. 

Medidas sencillas de higiene, como lavarse las manos y quedarse en casa cuando estén enfermos, deben llevarse a cabo por todos y cada uno para reducir el umbral de inmunidad de rebaño. 

Es además menester abrir las escuelas y universidades para la enseñanza presencial. 

Los adultos jóvenes de bajo riesgo deben trabajar con normalidad, en lugar de hacerlo desde casa. 

Los restaurantes y otros negocios deben seguir abiertos y las artes, la música, los deportes y otras actividades culturales deben reanudarse, eso sí guardando unos mínimos de bioseguridad. 

Ahora bien, el hallazgo de una vacuna contra la Covid-19 que ponga fin a la crisis es una esperanza con la que sueñan miles de personas. 

Actualmente hay más de 150 vacunas candidatas en desarrollo en el mundo, por lo que es posible que en algún momento aparezca una lo bastante efectiva como para frenar el número de contagios. 

Sin embargo, aunque hay señales para ser optimistas, no hay garantías de que se vaya a encontrar en un futuro cercano una vacuna lo suficientemente buena como para parar la pandemia. 

Por este motivo, contemplar todos los posibles escenarios y tener en mente un plan B en el que no haya vacuna es un ejercicio necesario de responsabilidad y transparencia. 

Lamentablemente, si de algo podemos estar casi seguros en esta pandemia es de que este coronavirus ha venido para quedarse. 

Crear la falsa esperanza de que vamos a contar en breve con una vacuna o tratamiento efectivo contra la covid-19 puede ser un arma de doble filo que podría causar una gran decepción si las expectativas no se cumplen. 

Anuncios que aseguren que tendremos una vacuna este año pueden suscitar desconfianza en la población si no se alcanzan los plazos prometidos. 

No hay duda de que las vacunas son uno de los grandes avances de la historia de la humanidad y la mejor forma de prevenir y reducir las enfermedades infecciosas. 

Por ello, no es de extrañar que al oír la palabra “vacuna” pensemos que será la solución perfecta para la covid-19. 

Sobre el papel, desarrollar una candidata parece algo sencillo, pero a la hora de ponerlo en práctica es un proceso mucho más complejo. 

Por ello, es importante conocer las limitaciones y problemas que se pueden encontrar para no caer en un exceso de confianza en su efectividad y plazos de entrega, por ejemplo, el proceso normal para hacer una vacuna es de entre 5 y  15 años. No se puede esperar tener una perfecta en menos un año y que nos permita volver automáticamente a nuestra vida anterior. 

Otra arista es que una vacuna puede estar muy bien diseñada, ser segura, proteger al 100% en modelos animales e inducir una respuesta inmune fuerte y anticuerpos neutralizantes, pero ofrecer un nivel de protección mucho más bajo del esperado cuando se prueba en humanos y esto sin contar con efectos secundarios graves que hacen suspender su aplicación, además uno de los principales retos que nos encontraremos si se obtiene una vacuna efectiva contra el coronavirus será su producción masiva a gran escala para que llegue a la mayor parte posible de la población mundial. 

Es por todo esto que no le debemos temer al Plan B: Inmunidad de rebaño y protección enfocada a grupos vulnerables.