31 octubre, 2020

Primicias de la política, empresariales y de la farándula

Siguen los comentarios favorables a Los sordos ya no hablan

@eljodario

La Patria, agosto 8 2020

HABLEMOS DE LIBROS: CORTE DE CUENTAS SOBRE ARMERO

@fernalonso

Si no hay peor ciego que el que no quiere ver, tampoco hay peor sordo que él no quiere oír. Los sordos ya no hablan es una novela del tulueño Gustavo Álvarez Gardeazábal, que fue columnista de LA PATRIA por años, antes de meterse en los vericuetos de la política.

Y menciono lo de su columna, porque justamente esta obra surge en esos espacios de opinión, cuando el escritor fustigaba a cierta clase dirigente manizaleña que se empeñaba en tapar el proceso que venía teniendo a mediados de los 80 el Volcán Nevado del Ruiz. Varias de estas piezas periodísticas aparecen intercaladas a lo largo del libro y ayudan a impulsar las escenas.

De ese grupo salva, por supuesto, a Hernando Arango Monedero, que cuando era representante a la Cámara promovió un debate en el Congreso sobre el peligro que representaba la reactivación del volcán, pero del que también hicieron oídos sordos en el Gobierno.

De esta manera, el autor mezcla la realidad con la ficción para relatarnos los días previos a la tragedia del 13 de noviembre de 1985, de cómo los intentos de unos cuantos por convencer a los habitantes de Armero del riesgo que corrían fue insuficiente para haber evitado la tragedia posterior. Esto acompañado de la falta de acción de quienes debieron tomar medidas: el Gobierno Nacional, los gobiernos departamentales de Caldas y Tolima, Ingeominas que no puso un sismógrafo oportunamente.

La obra, que se publicó originalmente en 1991, salió en una nueva edición de la Universidad Autónoma Latinoamericana (Unaula) este año. Leerla con tanto tiempo pasado de la tragedia la hace mejor, como un buen vino.

“La verdad sobre Armero antes de que mitificaran a Omaira” dice en la cintilla que arropa el libro para dar cuenta de que fueron miles las vidas -entre 22.000 y 30.000- las que se perdieron allí y cada una tenía su historia, sus sueños y sus culpas. Lo que pretende Álvarez Gardeazábal es mostrarnos en clave de literatura cómo la responsabilidad sobre la tragedia más grande ocurrida en el país obedeció a la sordera de muchos, incluidos los habitantes de ese municipio.

El alcalde, el administrador de la emisora, el científico del serpentario, el profesor que se las daba de darwinista y el cura forman parte de las historias que se recogen en el libro que, entre páginas, también nos cuenta las relaciones secretas de algunos de ellos, que incluso se carteaban entre angustias o vivían sus escapadas con amores entre el clóset.

Espacio destacado tiene Laika, de la que los manizaleños se han olvidado, pero que durante años fue el sismógrafo que habitaba el refugio del Nevado del Ruiz o al menos eso se repetía a manera de chiste, como tantas cosas a las que se les quiere quitar el peso de la realidad. Entonces no faltó quién dijera que con esa perra había para saber cuándo iba a hacer erupción el volcán y no faltó quién se lo tomara en serio.

Los caldenses encontrarán en estas páginas un corte de cuentas a la actitud de varios dirigentes de entonces que no querían perder la oportunidad de realizar la Feria de Manizales o los negocios. Igual que sucedió cuando se vino la bombada, las emisoras nacionales seguían transmitiendo un partido de fútbol y primero se habló de lo que sucedía en Chinchiná y poco del Armero desaparecido a las 9:15 de la noche.

Este relato es sobre seres contenidos. Personajes que pudieron hacer más, pero que no se sentían con el liderazgo para cambiar la historia o el destino, que, a pesar de sus proféticos anuncios, a la hora de la verdad se arredraron y fueron inferiores a las circunstancias, como tal vez somos la mayoría en los momentos decisivos. A sabiendas de que nuestra conciencia nos dicte otra cosa, la inercia nos termina guiando. Después solo queda la contrariedad o la culpa.

Hoy el Volcán Nevado del Ruiz se cuenta entre los volcanes mejor monitoreados del mundo y eso se lo debemos a una tragedia enorme que debería recordarnos cada día cómo nuestro país espera lo peor para tomar decisiones. El volcán sigue activo y a veces continuamos siendo tan sordos como hace 35 años.

Álvarez Gardeazábal nos recuerda eso en esta novela. Léanla y #HablemosDeLibros y de la necesidad de saber la tierra en donde vivimos.

En frases

* A los poderosos de Manizales, que no querían que su Feria se quedara sin reinas en la nieve, y escondieron la noticia.

* Yo no puedo asustar a las gentes de Armero con que se van a morir. Prefieren morirse…

* Si Colombia es una comedia, Manizales es el gran escenario de su representación.

* Las ciudades pagan lo que hacen sus habitantes.

* Yo no voy a saber más del nevado del Ruiz que los sabios que dejaron morir la perra de El Refugio que les servía de sismógrafo.

* Desde su misma casa le inculcaron la incapacidad para reconocer sus errores y le juzgaron como delito de extrema gravedad equivocarse en público para evitar caer en el ridículo.

* Parecía uno de esos individuos que le gustaban a Albert Camus, amarrado eternamente a la piedra de su destino.

* El alcalde es un egoísta, como todos los intelectuales.

* Por buenas le dio a este par de pendejos, por creer que es en Bogotá que saben lo que va a pasar aquí…