9 Agosto, 2020

Primicias de la política, empresariales y de la farándula

Si yo fuera ministro…

Por Misael Cadavid MD 

¡Pero no! Soy un brutal médico que aún cree férreamente que la Medicina es el arte de curar.

Desde los rincones más remotos de la historia hasta el momento actual, el hombre ha intentado encontrar por todos los medios a su alcance su salud física y mental.

En esa búsqueda permanente e interminable han intervenido con igual devoción los chamanes primitivos, los médicos, los filósofos y predicadores de todos los tiempos y de todas las religiones, y los profesionales científicamente orientados de nuestros días.

Las cabañas de techo de paja de los brujos y hechiceros, los sitios de adoración de la Antigua Grecia, los templos de los modernos curanderos por la fe, los consultorios médicos y los quirófanos de los Centros Hospitalarios, se han constituido en escenarios en donde le ha sido posible al ser humano expresar sus inquietudes, encontrar sus verdades y reconocer sus errores, en su esfuerzo dirigido a obtener la salud del cuerpo y la del alma.

Esto no es más ni menos que el concepto mágico religioso de la Medicina.

Acogiéndome al precepto del empirismo de la Escuela Hipocrática, que implica la minuciosa observación de los casos concretos, en el transcurso de esta semana le hice tratamiento a una paciente, que digo yo, a una gran amiga de juventud embriagante, a quien en un prestigioso y oligárquico hospital de la ciudad le diagnosticaron SARS COV 2 o COVID 19 y a pesar de sus factores de riesgo y su falta de “aire” no sé, si por el susto o por el covid, la enviaron para su casa con una despampanante fórmula: R/ Acetaminofen 500 mgrs una cada 6 horas #20 firmada por un internista infectólogo, no se sabe si como medicamento o como acompañante invisible de una posible complicación y muerte.

Como no hay nada mejor que tener un amigo mecánico, abogado y médico, le receté azitromicina, cloroquina, naproxeno y una inyección de dexametasona con una gran mejoría al segundo día de tratamiento, pues realmente no sé, si es que ella tiene un gran ejército de defensas o si realmente le sirvieron los medicamentos. Como mi ego-fe es grande, me inclino por lo segundo.

Seguramente los MD (médicos o esa sigla será: Medio Dioses?) que me estén leyendo dirán que soy el más tegua de los teguas, pero no me importa, salvé a mi amiga y con eso me basta.

Traigo a colación esto porque ante la inesperada pandemia por un inesperado nuevo patógeno que está poniendo inesperadamente en vilo a la humanidad, que no ha dado tiempo suficiente para hacer estrictos estudios científicos y que la literatura mundial arroja resultados de estudios más basados en medicina basada en la experiencia, que medicina basada en la evidencia que sería lo más adecuado , pero que todos en última instancia tienen un grado de evidencia así sea leve con medicamentos como el Ritonavir, Lopinavir Remdesivir, azitromicina ivermectina, cloroquina, dexametasona, colchocina, famotidina, atorvastatina, doxiciclina y enoxaparina entre otras.

Inmediatamente salimos los mismos médicos y las sociedades científicas a poner el palo en la rueda o a pisarnos las mangueras, como decimos los bomberos, refutando absolutamente todo: Que la cloroquina produce arritmias cardiacas pero la utilizamos hace más de 100 años y no nos habíamos dado cuenta de ello, que la dexametasona produce obesidad y aumenta el riesgo de infecciones y que pobrecitos los pacientes les va a dar un síndrome de cushing, pero incluso la utilizamos hasta cuando no sabemos los diagnósticos porque los esteroides son “benditos”,  que la ivermectina es para piojos y que daña el hígado, que la colchicina es para la gota, que la famotidina es para la gastritis y produce cáncer, que la azitromicina es para las bacterias y eso es un virus, que la doxiciclina es para las infecciones venéreas… No seamos maricas, volvámonos serios y asumamos que esto es un nuevo virus y que no da tiempo de filosofar tanto y que tenemos que actuar con alguna arma terapéutica para que no sigan muriendo millones de personas en el mundo.

Si yo fuera ministro promovería así sea empíricamente, protocolos para el tratamiento desde el diagnóstico y no esperar complicaciones. ¿Imaginen ustedes si diagnosticamos la hipertensión, la diabetes, el cáncer por solo mencionar algunas y solo mandáramos tratamiento cuando el paciente esté complicado de un infarto, un derrame cerebral o un daño renal? La mortalidad sería muy alta. Esto mismo pasa con el covid 19, debemos tratarlo una vez esté hecho el diagnóstico así sea y lo reitero, empíricamente y sin evidencia científica alta y evitar las complicaciones.

El cuerpo humano es tan perfecto que aguanta hasta las noxas de los médicos.

Si yo fuera ministro promovería el uso masivo y complementario de Viramina C, Vitamina D y Zinc y la automedicación con N –acetilcisteina, incluso miel de abejas, jengibre, agua oxigenada a la cual se le han encontrado efectos viricidas disuelta en agua y aspirineta que en caso tal que no ayude, al menos serviría para evitar un infarto a causa de la ansiedad y el estrés en el cual estamos sumidos.

Si yo fuera ministro haría ya un programa masivo de vacunación a los grupos susceptibles y de alto riesgo como trabajadores de la salud, mayores de 60 años , hipertensos, diabéticos, cardiopatías, con enfermedades pulmonares previas, inmunosuprimidos y porque no, en población general,  con la VACUNA BCG (la vacuna contra la tuberculosis), según las organizaciones académicas Instituto Politécnico de Virginia y la Universidad Estatal y los Institutos Nacionales salud de varios países, después de analizar una serie de estudios multicéntricos a nivel mundial manifiestan: “Después de mitigar múltiples factores de confusión, se observaron varias asociaciones significativas entre la vacuna BCG y la reducción de las muertes por Covid-19”.

Los expertos en el tema afirman que esta vacuna ofrece aproximadamente 60 años de protección. Esto también tendría una incidencia en la cantidad de adultos mayores, mato la pandemia y en aquellos países en donde se abolió su aplicación la tasa de infectados fue muchísimo mayor. Esto en otras palabras quiere decir que como la vacuna se pone en recién nacidos y da una protección de 60 años, es posiblemente una de las causas que la mortalidad es mucho más alta en mayores de 60 años cuando el sistema inmunológico puede estar un poco más débil.

Aunque originalmente la BCG se desarrolló contra la tuberculosis y aún se administra a más de 130 millones de bebés cada año, la BCG también aumenta la capacidad inmunológica básica del organismo. Ayuda a responder a los gérmenes con más fuerza.

Es menester decir que los que recibieron una dosis de BCG tienen un 30% menos de probabilidades de infectarse y un 20% menos de probabilidades de morir y esto al parecer es porque se estimula de una manera acelerada el sistema inmunológico, es decir despierta y multiplica las defensas del organismo.

Desafortunadamente esta vacuna está actualmente solo disponible para niños recién nacidos y con monopolio estatal y no se puede acceder a ella, a no ser que dejemos el egocentrismo y esnobismo pseudo científico y no nos dé pena, así como lo han hecho muchos países primermundistas de liberar esta vacuna y dejarla aplicar libremente pues sus efectos secundarios son mínimos y sus beneficios podrían ser inmensos ante este oscurantismo terapéutico en el cual estamos inmersos.

¡¡Si yo fuera ministro lo haría ya!! Así fuera el hazme reír y no el hazme llorar por no hacer nada.

Es mejor poner una valla protectora antes del abismo, que poner un gran hospital en el fondo del barranco.

No podemos seguir llorando los muertos y paniquiándonos con las estadísticas y además dejando que los nuevos yupis milenios hagan más tratados de filosofía en vez de medicina.

¡Si yo fuera ministro… pero solo soy un brutal médico!