¿Seguiremos aguantando campañas improvisadas?

 

Por Claudia Posada (foto)

Una campaña política es como una mesa de cuatro patas, la concordancia entre estas asegura firmeza, por lo tanto, si alguna cojea es necesario repararla. Así es en cuanto a los soportes de una organización electoral: Financiación, Equipo, Estrategia y Discurso. En ese orden, cuando está la plata se consolida el equipo, se proyecta la estrategia con la planeación de las respectivas tácticas, y según estas, se nutre el discurso. Si en el proceso hay desajustes, habrá que afinarlos.

Las promesas de campaña, las mismas que deben estar en plena sintonía con la estrategia electoral para conquistar votos, siguen siendo un componente muy importante en el discurso de todo candidato sea cual sea el cargo por elección popular al que aspira. Digamos entonces que las promesas electorales son como el mantel que arropa la mesa.

El equipo de campaña, si acaso no es de la absoluta confianza del candidato, pondrá en aprietos la aspiración. Cualquier desacuerdo que no se supere correcta y oportunamente, puede tirarse en una candidatura. Un refuerzo muy importante para que haga parte del equipo es un comunicador que sepa utilizar la herramienta relacionística para darle el adecuado tratamiento a cada uno de los públicos objeto de tal o cual acción o mensaje; es el profesional que interpreta los contenidos políticos para reproducir adecuadamente los mensajes.

Transmitirle justamente lo necesario, al manejador de las redes sociales, a la vez que precisar mensajes de respuesta en estos mismos canales, son tareas de los comunicadores de campaña que deben sumársele a las tradicionales.  Si no hay presupuesto para tener estos dos colaboradores, entonces sométase a llegar con mensajes erróneos; o mejor, a no llegarle, en buena parte, a sus potenciales electores.

Como los discursos y promesas de campaña siguen sonando iguales, generalmente no nos sorprenden, mucho menos nos “enganchan”. En cambio, con una novedosa estrategia nos atrapan si, precisamente, la saben plantear. Al aplicarla adecuadamente, al traducirla en sus variables para cada uno de los otros soportes, no va a desdibujarse y tampoco va a fracasar.  Otra cosa es cambiarla en el camino si se prueba a tiempo que fue desacertada.

Independiente de quién sea al final el candidato único a la alcaldía de Medellín, entre los tres del Centro Democrático, hay que reconocerle a la hoy diputada Ana Cristina Moreno que su estrategia de acercamiento a las comunidades fue, como la del académico Rodolfo Correa, novedosa e inteligente para la primera etapa de una campaña de reconocimiento, ajustada a lo más apremiante en esa fase. La diputada, al igual que sus dos contrincantes al interior del Centro Democrático, llegaron a ocupar curules por “arrastre” pues en su momento eran desconocidos en el ámbito político, así que los favoreció, indudablemente, el estar en una lista cerrada encabezada, o legitimada, por Uribe. Ahora deben sobresalir por sí mismos.

¿Cómo se dio a conocer en este momento Ana Cristina entre comunidades desprevenidas? Se hizo a un grupo amplio de personas que se identifica con ella, caminando y acercándoseles para promover una fundación que dice ella, es de iniciativa ciudadana y busca “Respuestas por Medellín”; así, atrae ciudadanos que expresan sus opiniones en un formulario, y registran sus datos de localización.

Ahí tiene entonces, de ser ella la candidata escogida este vienes 17 de mayo entre los del CD, una buena lista para convocarlos a trabajar por su aspiración, pues los inscritos en el formulario de “Respuestas por Medellín” van a sentirse partícipes de lo que la candidata Ana Cristina haría por la ciudad. Eso es estrategia.

El profesor Correa, por su parte, al aspirar a la Gobernación de Antioquia, decidió darse a conocer entre otro tipo de ciudadanos que no son de su ámbito cotidiano, construyendo un equipo de apoyo y colaboración en todo el departamento. De manera estratégica, adelantó un reality político para seleccionar entre los concursantes, aspirantes a las alcaldías de Antioquia, candidatos que estarán, obviamente, alineados con él durante todas las etapas de su campaña.

Ambos, Ana Cristina Moreno y Rodolfo Correa, saben cuáles son sus fortalezas y las aprovechan; acercarse a la gente para buscar aliados, resulta ventajoso para aspirantes con carisma, agradables; sin posturas arrogantes o provocadoras que son, desde luego, muy inconvenientes.

La señora Ana Cristina, mujer joven, conciliadora, que no grita como algunas otras de su partido para hacerse oír, que jamás vocifera ofensas o frases destempladas para agudizar rencores, y menos utiliza discriminaciones odiosas, características de otras dirigentes del CD muy sonadas en Antioquia y en el ámbito nacional, si no es ahora, alguna vez será. En la clase política se necesitan más mujeres como ella, que inspiren confianza. Mujeres de argumentos expuestos con respeto y desde el conocimiento, con inteligencia, sin veneno.

Los ciudadanos son reacios al tema electoral porque generalmente los pronunciamientos de los políticos son altaneros, soberbios, despectivos; no dan ejemplo de mesura, ni valoran el pensamiento ideológico y la participación democrática de los ciudadanos, como fundamental para un país socialmente organizado.  Cambien y profundicen el discurso, y no se tuerzan a la hora del té, pidiendo y recibiendo mermelada en los sectores públicos y privados.